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sábado, 28 de noviembre de 2015

EL DESTINO

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Silvio Rodríguez, Monólogo
“Este chico va a ser Premio Nobel”. Es muy raro alguien que no sueñe despierto desde la misma infancia. La fama, el dinero, alguien que cambia el mundo, alguien que es repetidamente portada de los periódicos, alguien en oposición a nadie, un mero nombre, más aún, un ciudadano anónimo. Ese debía ser mi destino, la gloria alcanzada con el triunfo. ¿Quién sueña con ser un derrotado? ¿Quién se recrea en el fracaso? ¿Quién piensa en el sufrimiento formando parte de su vida? Cuando uno es joven el dolor no cabe en el futuro soñado, sólo con el éxito y el placer forjamos ese sueño.

Pero el tiempo pasa y nos vamos haciendo viejos, el cielo se va ensombreciendo y las ilusiones se van empequeñeciendo, el destino pasa de largo, alejándose y dejando en nosotros el ropaje vulgar que nos acompañará el resto de la vida. Nuestros sueños se vuelven toscos, groseros, muy lejos de esa majestuosidad con la que anteriormente los recubríamos. Pero el vulgo puede dejar de ser chusma y uno irse encontrando cómodo en él, el destino es ser uno más.

Y aquí estoy, en esta silla ruedas, eterna compañera, cuando todos esos sueños se tornaron imposibles, el paso del tiempo hay impedido ya avanzar hacia ellos y cuando el cuerpo parece volverse enemigo, esas piernas que se niegan a moverse, esos brazos cuya pérdida de músculo desearía arrastrar también al músculo vital incapaz de posar una mirada esperanzadora en la vida, esas manos que no reconocen, que no toman posesión alguna de lo que me rodea, esa piel que duerme, esa vejiga que traiciona, ese cerebro que olvida, ese cuerpo, en fin, que en la medida que me abandona se hace mas presente en mi vida. Cuando la vida parece ya no tener destino, andar alocada hacia un final pesaroso, cuando el único sentido parece que es morir uno puede descubrir el destino para el que pudo nacer, aquello que al final, ese largo final, puede explicar la razón por la que estás aquí, lejos, muy lejos, de las celebraciones fastuosas y de los oropeles, de los ruidos y los vítores; entonces entiendes que aquello a lo que estabas destinado no es sino esto, estar enfermo y hacerlo bien, este ha de ser tu testimonio, este es el papel que has de representar, para eso naciste, ser un buen enfermo, y a ser posible, un estupendo enfermo.

ACLARACIONES AL “BUEN ENFERMO”

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Pablo Milanés y Mercedes Sosa,  Años

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