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jueves, 7 de junio de 2018

PEQUEÑOS PLACERES QUE TODAVÍA NO HE PERDIDO



Ya no puedo hacer nada por mí mismo, sin ayuda de otra persona, salvo pensar y sentir. Ambas cosas son inevitables aunque no igualmente placenteras. Pensar siempre supone un esfuerzo, esfuerzo que puede llegar a ser gratificante pero que no puedes llegar a realizar desde el ocio y la pereza. Desde el abuso inagotable del pensar, del incansable funcionamiento de una máquina sin control del tiempo y de una razón emocional se genera lo que Goya escribió en el título de uno de sus Caprichos, “el sueño de la razón produce monstruos”, sueño que se convierte en una pesadilla que te aborda sin descanso. Resulta verdaderamente difícil evitarlo cuando tu existir es la inmovilidad, cuando permaneces tumbado, sin movimiento alguno, y sólo contemplas dos pequeños focos que te miran desde el techo. Pensar, pensar y pensar sin descanso en un revoltijo incontrolable de ideas y palabras en el que resulta muy difícil diferenciar la realidad de la ficción, el simple sueño de la pesadilla. Es el quehacer de los sentidos el que, a menudo, solo nos puede salvar de este riesgo zambullirse sin prejuicios en el mar del placer, aunque hayamos perdido la capacidad  de hacerlo en los grandes placeres que siempre hemos valorado como tales.
La vista: Contemplar la belleza de una mujer, no pretendo resultar machista, sé bien que el hombre también la tiene pero no engañaré a nadie si digo que la de ella me resulta más placentera. Sus maravillosas curvas (no entró en detalles de ellas), los maravillosos ojos, la mirada de esa inteligencia que sólo puede reconocérsele a la mujer a veces pícara y en otras ocasiones limpia como un cielo claro, siempre llena de curiosidad y ternura. La blanca piel salpicada de lunares, la belleza ancestral de la negritud, la que parece anclada en una eterna primera juventud como la piel oriental, el hondo sentido maternal que inspira el americanismo. Mirar, cuándo ya poquito más puedes hacer con tu cuerpo. Mirar, con algo de tristeza y siempre admiración. Mirar, el último recurso que te queda y que resulta estúpido, y a menudo imposible, prescindir de él. La belleza de la infancia, su andar trastabillante, la sonrisa que todo lo ilumina, los ojos curiosos que te siguen al pasar mirando abiertos de par en par cuando lo haces en  silla de ruedas y más si es eléctrica, la tentación imposible de vencer cuando ésta sube o se inclina, esos deditos que buscan ser protagonistas ellos del milagro. La serenidad de su cara dormida, el lento respirar de su pecho. El bullir de hormonas de la adolescencia, las carreras, los saltos, las risas, los llantos, los juegos de ignorancia y miradas, de charlas y silencios. Es la vida que se anda entrenando. La danza, la expresión corporal, la maravilla de ver un cuerpo en movimiento. Llamadme mirón, incluso voyeur, lo seré. ¿Es evitable?
El tacto. Cuando el placer de tus dedos se ha vuelto contra ti y sólo te ofrece sufrimiento, qué ha de quedarte sino el de sentir otros dedos sobre tu cuerpo. El recorrido lento, misterioso, la sorpresa que anuncia pero que tú desconoces, el que busca por todos los rincones y a veces encuentra. El sentir de un masaje sobre ese cuerpo, fuerte, sin temor, sin pudor. Percibes entonces que sentir cierto dolor es también sentir que tu cuerpo está vivo, que esas manos lo despiertan, que incluso aquí la vida no se puede  separar del mismo. El niño pequeño, tan cerca y tan lejos de ti. Como olvidar tus recuerdos que parecen cobrar vida cuando contemplo las fotos de la infancia de mis hijos. Como olvidar sus cabezas dormidas sobre mis hombros, sus manos agarrando con fuerza mi dedo índice para que no escape, sentados sobre mis rodillas y recostados sobre mi pecho, las caricias de las yemas de mis dedos sobre sus espaldas. Tantas cosas que ya no viviré. Hoy sólo me queda el sentir sus manos sobre mi, la leve saliva de un beso sobre mi rostro. El contacto físico de otra persona que te recuerda que aún sigues vivo.
El oído. El placer de la música que te envuelve todo, que es capaz de generar emociones en ti y expresarlas de una forma que de otra manera no te sería posible. El golpe de un poema sobre ti que hace penetrar sus palabras hasta lo más hondo. El reinado del sonido dejándote mecer en el agua abandonado a una deriva que siempre te llevará a buen puerto. El instrumento, la canción, el ritmo de unos tacones sobre el tablao, de unos nudillos sobre la mesa. La risa inevitablemente contagiosa de un niño pequeño. El gemir gozoso de una mujer. La enorme maravilla que supone una conversación pausada, tranquila, profunda, íntima, el abrirse en palabras de dos personas dejando atrás lugares comunes, verbos superficiales, el agotador sonido del vacío existencial. El diálogo, los interrogantes, las respuestas que vienen de adentro, los silencios que lo dicen todo, que expresan muchos más que miles de palabras puro ruido.
El superlativo e infinito placer de sentirte querido. Todo un discurso vital resumido en dos palabras. La posibilidad de infinito valor  de sentir el amor. La impagable vivencia de la amistad. Esos momentos que no se borran, a los que recurres una y otra vez cuando pareces resbalar hacia lúgubres cavernas, los tiempos que la vida te ha regalado y que ahora, en tiempos de mazmorra, son las agarraderas que evitan te lleve la corriente hacia el sumidero de la tristeza, gracias a ellas, pese a tu inmóvil vida, nunca serás nadie.
La estrella se fue apagando pero su luz aún se percibe.

martes, 8 de mayo de 2018

CASI POEMAS (9)



Ven a nacer conmigo
Desde lo más profundo del abismo.
Desde la más triste verbena.
Desde lo más recóndito de la esperanza
Ven a nacer conmigo.
Cuando las lágrimas aneguen todas tu sonrisas.
Cuando palidezca el color de tu mirada.
Cuando olvides sin querer los nombres que te han construido.
Ven a nacer conmigo.
Como si la luz penetrara por rendijas que no existen.
Como si el viento quisiera navegar tu cuerpo encallado.
Como si el pasado pudiera reescribirse.
Ven a nacer conmigo.
Entre restos cálidos de cuerpos desmembrados.
En el silencio donde surge la voz.
En la cordura que añora algo de absurdo.
Ven a nacer conmigo.
Si las risas de otros te producen llanto.
Si el calor de la manada te genera frío.
Si las respuestas desde el púlpito sólo te causan preguntas.
Ven a nacer  conmigo.
No lo dudes más.
No te desesperes más.
No permanezcas paralizado.
Ven a nacer conmigo.
De nuevo.




Quién soy yo, coronel de aguas turbias
Para enmendar los errores de un hombre feliz.
La verdad no es una realidad inmaculada, limpia de aristas y rugosidad.
Se nos esconde cuando estamos convencidos de verla.
No podemos cargar con ella sin un baño de dolor.
Cuanto más se nos acerca más lejos la queremos.
Cuando vemos una cara las otras se nos esconden
Rasga, duele.
Sólo la mentira hace feliz.
Vivir en el equívoco permanente.
Nacer y morir en el autoengaño.
Escabullirse de la honestidad.
No obstante
Sólo la búsqueda de la verdad nos hará  libres      
Aquella que nunca alcanzaremos a poseer  del todo








sábado, 7 de abril de 2018

A LOS QUE APLAUDEN.



¿Ninguno se avergüenza cuando como al chasquido de un látigo rompe a aplaudir el grupo parlamentario entero? ¿Realmente todos saben qué es lo que aplauden? ¿Han escuchado la palabras o ya tienen automatizado el despertar al sonido del primer aplauso? Puede que no se avergüencen pero les aseguro que sí produce vergüenza ajena. Es indiferente lo que se diga que con toda seguridad se aplaudirá. ¿Cómo podría llamarse este comportamiento? ¿A qué responde?  Me cuesta creer que un tipo de comportamiento tan acrítico tenga el merecimiento de llamarse humano pues responde a una mente perezosa y a una inteligencia en desuso. Es ese tipo de perfil el que parece requerirse para ser político y medrar en ello. Es sonrojante verlos responder sin rechistar a la voz de su amo. Más sonrojante aún es cuando se celebra el acierto y el éxito de la persona portavoz poniéndose todos en pie cual batallón de infantería. Éxito y acierto que, por otro lado, está garantizado por su pertenencia al equipo local. Nadie queda sentado en su asiento, nadie discrepa, la selección del equipo titular se ha hecho con acierto. Más allá de este ejercicio gimnástico siempre están los que aspiran a nota y ansían ser señalados con el dedo de Dios, entonces vociferan, insultan, gesticulan. Nunca serán recriminados, al contrario, recibirán la merecida palmada en la espalda que les llevarán satisfechos a casa. ¿Cuáles son los resortes que disparan estos automatismos? Cuando se alza la voz es el momento de aplaudir, no importa qué se ha dicho, hay que batir palmas. Cuando se pronuncia una burla hacia el contrario hay que aplaudir la agudeza intelectual del compañero o compañera. Cuando junto a lo anterior se escuchan palabras y gestos de reprobación en la bancada enemiga, es también el momento de ponerse en pie. Es duro el papel de la persona encargada de iniciar este tipo de movimiento, es necesaria una sensibilidad especial, hay que hilar muy fino, es necesaria una cultura política muy vasta y, sobre todo, lo más difícil, no despistarse ni mucho menos dormirse.
Este comportamiento ha pasado a formar parte del hacer político español en cualquier grupo político sea del matiz que sea (si utilizar la palabra matiz en el mundo político de hoy tiene algún sentido). Es impensable lo contrario. Para mí resulta patético e incompatible con una cultura política verdaderamente transformadora, lo cual importa poco ya que es sabido que yo no dejo de ser una anomalía. La realidad pone de manifiesto que este tipo de personajes prospera y que los críticos quedan al margen. Decir que hacer política es también educar a la población estoy convencido que resulta, cuando menos, extraño y que, por lo tanto, se está maleducando a la población. Da igual, lo importante es vencer en la pelea. Con este perfil el resto está garantizado: que el fin justifica los medios, incluida, por supuesto, la mentira y el ocultamiento de la verdad, si no otras cosas mayores si son necesarias, que quien no está conmigo está contra mí, que el amigo de mi enemigo es también mi enemigo. Si lo hacemos bien llenaremos pabellones ondeando miles de banderas y curtiéndose en el arte de aplaudir.

miércoles, 14 de marzo de 2018

GÉNESIS DEL CONOCIMIENTO. Un pequeño desagravio



Capítulo 3 del Génesis
1 Ahora bien, la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho, la cual dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de ningún árbol del huerto?
2 Y la mujer respondió a la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer,
3 mas del fruto del árbol que está en medio del huerto, dijo Dios: No comeréis de él ni lo tocaréis, para que no muráis.
4 Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis;
5 sino que sabe Dios que el día en que comáis de él serán abiertos vuestros ojos y seréis como dioses, conociendo el bien y el mal.
6 Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos y deseable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.
7 Y fueron abiertos los ojos de ambos, y supieron que estaban desnudos. Entonces cosieron hojas de higuera y se hicieron delantales.
8 Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto al aire del día; y se escondieron el hombre y su mujer de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.
9 Y llamó Jehová Dios al hombre y le dijo: ¿Dónde estás?
10 Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.
11 Y le dijo: ¿Quién te ha dicho que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol del cual yo te mandé que no comieses?
12 Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.
13 Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.
14 Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu vientre te arrastrarás y polvo comerás todos los días de tu vida.
15 Y pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.
16 A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera tus dolores en tus embarazos; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti.
17 Y a Adán dijo: Por cuanto obedeciste la voz de tu mujer y comiste del árbol del cual te mandé, diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.
18 Espinos y cardos te producirá, y comerás hierba del campo;
19 con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres y al polvo volverás.
20 Y llamó Adán el nombre de su mujer Eva, por cuanto ella fue la madre de todos los vivientes.
21 Y Jehová Dios hizo a Adán y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió.
22 Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal. Ahora, pues, no sea que alargue su mano y tome también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre,
23 por tanto, lo sacó Jehová Dios del huerto de Edén, para que labrase la tierra de la que fue tomado.
24 Echó, pues, fuera al hombre y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.


El demonio se acercó al ser humano a través de la mujer, eso es lo que nos muestra el libro del Génesis en el Antiguo Testamento. Una mujer tentadora y un hombre débil. Tal como muestra el libro la serpiente no miente sino que dice la verdad, los versículos 5 y 22 así lo muestran. Dios no quiere que hombre y mujer lleguen a ser como él, que coman del árbol de la sabiduría y lleguen a distinguir el bien del mal ni coman del árbol de la vida y lleguen a vivir para siempre. Es por todo eso por lo que les castiga  y los expulsa de Jardín del Edén.
Es comprensible una leyenda así escrita por el hombre hace más de veinte siglos con un Dios antropomórfico, omnisciente y todopoderoso y una mujer culpable de todo en una sociedad completamente patriarcal. Hoy, en el siglo XXI, el relato debe de ser absolutamente distinto. La mujer no es la culpable de que el hombre haya comido del árbol de la sabiduría sino que gracias a ella el ser humano puede alcanzar la misma y con ella también puede experimentar de la dolorosa distinción del bien y del mal, es ese poder el que le hace sentirse desnudo y habitante de un mundo en las antípodas del paraíso. Desnudo, consciente de sus limitaciones, de sus contradicciones, de sus errores, de sus pecados. Uno puede enmascararse ante los demás pero es difícil hacerlo ante uno mismo. El Jardín del Edén no existe, es una ficción que el ser humano, esencialmente el varón, se inventa para no percibir  esa desnudez ni el dolor que conlleva. Hemos construido una sociedad en la que la característica principal no es la ética, la justicia ni la belleza sino la comodidad. Una sociedad que ofrece todo aquello que deseas y que se ocupa de introducir dentro de ti lo que debes desear. Es esa posesión la que te tranquiliza, la que te hace ver que no estás solo, que formas parte de un grupo social que te resguarda  y que es esa simple pertenencia la que da sentido a tu vida. Pertenecer a él y defenderlo es lo que supone hacer el bien y por lo tanto con ello aceptar sus dogmas y ortodoxia. No pensar por uno mismo sino dejarse llevar por el pensamiento del rebaño, no criticar, no cuestionar nunca lo que es el pensamiento dominante.
Sabiduría y lucidez pueden ser sinónimos. Federico Lupi plantea en la película “Lugares comunes” el compromiso de despertar la lucidez en los otros sin límites y sin piedad. En la escena siguiente cita unas palabras de Alejandra Pizarnik.

La lucidez es un don y es un castigo. Está todo en la palabra. Lúcido viene de Lucifer, el arcángel rebelde, el demonio. Pero también se llama Lucifer el lucero del alba, la primera estrella, la más brillante, la última en apagarse. Lúcido viene de Lucifer y Lucifer viene de Luzs y de Fergus, que quiere decir el que tiene luz, el que genera luz, el que trae la luz que permite la visión interior: el bien y el mal, todo junto, el placer y el dolor. La lucidez es dolor y el único placer que uno puede conocer, lo único que se parecerá remotamente a la alegría será el placer de ser consciente de la propia lucidez. El silencio de la comprensión, el silencio del mero estar. En esto se van los años. En esto se fue la bella alegría animal.
La lucidez es caminar sobre el alambre en la vida con un funambulismo al que uno no puede renunciar una vez que eres consciente de la realidad y de tu papel en ella. Inseparables dolor y alegría, eso es vivir. Es esa responsabilidad la que muerde la mujer en la manzana a la que luego invita al hombre pero ante la cual éste no lo tiene claro. La mujer ha cargado durante siglos con el papel de mala en esta historia, la que fue débil ante la serpiente y por su culpa la pareja, hombre y mujer, fueron expulsados del paraíso, lugar idílico en el que pudieron vivir sin miedo pero ignorantes, desnudos pero inconscientes de la belleza del cuerpo y del placer que este puede suponer, inseparable de la tentación y del deseo como fuego que aviva la hoguera. Es muy cuestionable si merece la pena vivir sin esa lucidez, si es preferible la ignorancia a cambio de la felicidad, si es posible, incluso, llamar felicidad a ese estado. Sólo la lucidez te lleva a descubrir la tristeza y sufrimiento de los otros y con ese descubrimiento tu propia tristeza y sufrimiento. Sólo la lucidez te permite comprender el valor de la flor en el cenagal y entender los matices que esconde la vida y saber que son inseparables la luz y la oscuridad, el bien y el mal, el acierto y el error. Es necesaria esa lucidez en primer lugar, no para encontrar todas las respuestas sino para plantearte las primeras y necesarias preguntas. El Dios de ese Génesis merece ser desobedecido y la leyenda modificada.
 A la entrada del Jardín se encuentran Jehová y Lucifer, el bien y el mal, lo positivo y lo negativo, la luz y la oscuridad, el  yang y el yin , esperaban a Eva y a Adán. Lucifer dijo a la mujer: "¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín?". La mujer le respondió: "Podemos comer los frutos de todos los árboles del jardín, pero respecto del árbol que está en medio del jardín, Dios nos ha dicho: ‘No coman de él ni lo toquen, porque de lo contrario quedarán sujetos a la muerte’".  Lucifer dijo a la mujer: "No, no morirán. Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman de ese árbol, se les abrirán los ojos y serán como dioses, conocedores del bien y del mal". Dios que oyó esto avisó que el conocimiento del bien y del mal les traería sufrimiento y él castigaría ese comportamiento.  Eva miró a Adán preguntándole qué hacer, elegir entre el conocimiento del Bien y del Mal o su ignorancia y sopesar la amenaza de Jehová. Eva creyó que una vida que no se pudiera contemplar en su integridad no merecía la pena ser vivida, Adán miró a su alrededor y su mirada se ensombreció al contemplar todo lo que podía perder. Cuando la mujer vio que el árbol era apetitoso para comer, agradable a la vista y deseable para adquirir discernimiento, tomó de su fruto y comió; luego se lo dio a su marido, que estaba con ella, y él, pensativo durante un tiempo, también comió. Entonces se abrieron los ojos de los dos y descubrieron que estaban desnudos. Por eso se hicieron unos taparrabos, entretejiendo hojas de higuera. Entonces oyeron la voz de Jehová que les preguntó: “¿Acaso habéis comido del árbol que yo os prohibí?". El hombre respondió con algo de cobardía: "La mujer que pusiste a mi lado me dio el fruto y yo comí de él".  Jehová dijo a la mujer: "¿Cómo hiciste semejante cosa?". La mujer respondió: Lucifer me convenció y comí, creo que hemos sido creados para ser dueños de nuestra vida, no simples juguetes sino seres conscientes, y Jehová dijo a la mujer: "Multiplicaré los sufrimientos de tus embarazos; darás a luz a tus hijos con dolor. Sentirás atracción por tu marido, y él te dominará" y la mujer lo acepto sin miedo. Y Jehová  dijo al hombre: "Porque hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol que yo te prohibí, maldito sea el suelo por tu culpa. Con fatiga sacarás de él tu alimento todos los días de tu vida. Él te producirá cardos y espinas y comerás la hierba del campo. Ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, de donde fuiste sacado. ¡Porque eres polvo y al polvo volverás! Después Jehová dijo: "El hombre ha llegado a ser como uno de nosotros en el conocimiento del bien y del mal. No vaya a ser que ahora extienda su mano, tome también del árbol de la vida, coma y viva para siempre".  Entonces expulsó al hombre del Jardín de Edén, para que trabajara la tierra de la que había sido sacado.  Y después de expulsar al hombre, puso al oriente del jardín de Edén a los querubines y la llama de la espada zigzagueante, para custodiar el acceso al árbol de la vida. Adán y Eva eligieron vivir fuera del paraíso, en libertad, con sus propias decisiones, con el placer y el dolor, haciéndose la pregunta de donde se encuentra realmente Dios.


jueves, 8 de marzo de 2018

Mujeres tenían que ser.


Crecí en un matriarcado en el que la educación emocional y cultural la puso mi madre, una mujer que no estudió, en aquellos años no tenía mucho sentido eso pues su objetivo tenía que ser el de buena madre y esposa y eso no se aprendía en la escuela. Sin ella yo no hubiera sido el mismo y sospecho yo que puede que peor.
Desde adolescente las mejores amistades que he tenido en su mayor parte han sido mujeres, escuchan mejor, son más receptivas, tienen una mayor sensibilidad para entender lo más tierno del ser humano, aquello que exige apertura emocional. Es ahí donde puedes encontrar la verdadera complicidad.
Si he de poner nombres a momentos de mi vida, la mayoría de estos momentos lo tendrían femeninos. Tiempos que pueden ir desde unos días a unos años. Momentos que dejaron huella, momentos que hicieron por sanar, días para el placer pero también, en ocasiones, para el dolor. La vida, para ser justa, sólo podría escribirse en femenino.
He sido maestro, mentiría si dijera que no hay diferencia entre niños y niñas, son estas las que responden mejor en el mundo académico, son, en general, con ellas con las que se puede trabajar con una mayor comodidad y un mejor rendimiento.  Habiendo quedado atrás los años en los que la universidad era casi exclusiva propiedad de los varones hoy la presencia de la mujer es mayoritaria en ella.

He trabajado y en ese trabajo mi mayor coincidencia se ha dado con las mujeres. De todo ahí en la viña del señor pero cuando hoy recuerdo nombres de compañeros y compañeras es mayor cantidad los de estas últimas a la hora de encontrarme cómodo trabajando junto a ellas y dialogando en los momentos de descanso. 
Hoy soy discapacitado total, dependo completamente de los demás, sin ellos a mi lado no podría hacer nada salvo pensar. He dicho ellos pero debería decir ellas, aquella madre de la que hablé al principio y que dedicó buena parte de su vida a cuidar a su madrastra (si me puede reponer el curso este al finalle tocó a ella por la razón indiscutible de ser la mujer entre los hermanos) para después ejercer de abuela. Repito, soy un gran inválido y necesito alguien que me cuide, ese alguien es mi esposa. Me es difícil imaginar otra persona con más nivel de sacrificio y que hace aquello por un evidente único motivo: amor. En esta vida sólo he visto a mujeres sacrificar su carrera profesional para cuidar a otros.
Soy varón, no sé si por eso tengo derecho a disponer de un lugar para el reposo del guerrero, si tengo o no ese derecho la verdad es que aquí está: mi hogar. Nunca he tenido a mi lado a una persona en la que poder confiar tanto, mi esposa, mi compañera. Con nadie he llegado a hablar con mayor profundidad e incluso, a veces, crudeza, la misma que muestra la vida. Espero que en algún momento de esa vida yo también haya podido ser su reposo.
Sacrificadas, vitales, inteligentes, buenas profesionales, rigurosas en su trabajo, cómplices, sensibles, confidentes, significativas, dispuestas, donde se gesta la vida y aún así condenadas por una ley no escrita a un segundo plano. Mujeres tenían que ser



sábado, 3 de febrero de 2018

Viejo corazón



Viejo corazón, cuantos dolores, cuantas añoranzas, cuantos deseos. Cuántas veces llamó la vida a tu puerta y no te atreviste a abrirle y hoy recuerdas con nostalgia esos momentos, pero la vida no se detuvo allí, continuó su marcha y poco a poco fuiste aprendiendo a hacerle frente. Las ocasiones que el placer de la vida se te escurrió entre los dedos de tu mano ya no volverán pero has aprendido que lamentarte no sirve de nada, la vida es como un río, es el mismo cauce pero el agua qué pasó por él nunca volverá atrás, aquella en la que te zambullas conserva tu nombre pero no todos aquellos que pasaron por ella. Viejo corazón, los años han pasado por ti pero ese agua siempre es nueva. Aquello que has ido ganando quizás lo ganaste gracias a tus pérdidas y hoy que sabes manejar tu cuerpo este ya no se mueve y las ocasiones para disfrutarlo ya no se producen, y hoy que has aprendido a utilizar tu boca, a prescindir de lo innecesario y a no dejar pasar la oportunidad de decir lo esencial, el silencio te envuelve y el vacío te ocupa. La vida se va convirtiendo en una llamada en el desierto y las ondas que la propagan se van alejando de ti y quién sabe si le llegaran a alguien y podrán serle beneficiosas. Viejo corazón, a pesar de todo, quieres creer en tu utilidad; en la vida creces al tiempo que disminuyes, cuando ya vas siendo nadie empiezas a ser alguien que nunca hubieras sido sin tus errores y caídas, sin hacerlos tuyos y entender donde se encontraba tu pecado.
Viejo corazón si el vacío te rodea que no inunde tu interior, si tu cuerpo se paraliza no dejes de moverte hacia el infinito, si tus gestos son incapaces de expresar los afectos nunca dejes de sentir, si tu voz se va apagando nunca ceses de pensar, si el final se va acercando no dejes de apurar cada instante. Viejo corazón, la vida se renueva en cada momento y con ello tu ocaso se abre a otros amaneceres, acompáñales, llegue tu final cuando tenga que llegar. Viejo corazón, en ese devenir tú siempre tendrás alguna novedad.

domingo, 21 de enero de 2018

Prejuicios





Cuando entró por la puerta de mi casa no pude evitar un sentimiento de rechazo. Era una persona que conocía únicamente de vista y la impresión no era buena. Lo recordaba a la carrera por la calle y escandalizando con dos niños pequeños de la mano y acompañado de un hermano mayor que él. Sabía cuál era su familia y creía conocer así como tenía que ser él. El trabajo para el que lo requería era demasiado delicado e íntimo como para que una persona como él pudiera realizarlo con un mínimo de eficacia y sensibilidad pero mi vergüenza me impidió decirle no en aquel momento. El no es una palabra difícil de utilizar cuando juntas prejuicios y una visión política y humana en su contra. Complicada de decir salvo que la enmascares con una retórica falsa cuya única intención es salvar tu reputación aunque sea engañando a los demás. Esa impresión era sólo eso, puro y estricto prejuicio. Afortunadamente no fui capaz de decir no y la vida me vino a demostrar hasta el aparente reducto de mi cama el evidente error que intelectual y humanamente supone el prejuicio, juzgar sin conocimiento por mucho que creas conocer; se trata de un recelo y monomanía que pertenece al mundo de  lo emocional y no al racional. Supone un orden jerárquico en el que tú te encuentras arriba y temes que semejante individuo venga a desbaratar tu poder y estabilidad. Repito, afortunadamente no fui capaz de decir no y esa persona sólo desbarató, para bien, parte de mis miedos y obsesiones, te das cuenta de la manera en como te forjas opiniones sin más argumentación que tus prejuicios de clase. También lo personal es político, la manera en como tú te enfrentas a los demás. Entendí muchos años después por qué esa persona corría por la calle llevando de la mano a esos dos niños y eso sólo puso de manifiesto su altura moral y la pequeñez de mi pensamiento.
Hoy soy un niño necesitado de muchos cuidados, alguien cuyo concepto de intimidad cambió hace tiempo, alguien para el que el sentimiento de pudor desapareció casi por completo, alguien para el que su situación necesariamente trastoca su forma de ver la vida. Afortunadamente no me sentí capaz de decir no y hoy es él quien me cuida, el que forma parte de mi intimidad y ante el que me replanteo muchos de los prejuicios que me han acompañado durante mi vida.
La mayor humanidad, la mayor sensibilidad, la mayor ternura la he encontrado en personas cuyos grupos sociales hoy y aquí pueden seguir estando cargados de esos prejuicios que vienen a complicarles la vida, me refiero a familias desestructuradas y económicamente cerca de la miseria o cargando directamente con ella, personas homosexuales en las que esta condición viene a agravar su problemática social, subsaharianos qué han tenido que luchar por hacerse un hueco en nuestra sociedad supuestamente no racista, musulmanes a los que en este momento se les mira con desconfianza por la supuesta amenaza que representan. Ellos son los que me han cuidado, de los que he aprendido a cuestionarme mi propio engreimiento, por los que me he sentido querido, en los que he descubierto la ternura, los que han acariciado y besado a este niño que hoy se encuentra en una edad difícilmente cuantificable pero claramente a merced de los otros.
Prejuicios que hoy leemos en las portadas de los periódicos se llamen como se llamen los grupos sociales que los padecen. Prejuicios que es el objetivo central a transmitir por los diferentes grupos políticos. Es el componente emocional el que viene a asegurar el voto y para eso es necesario identificar al enemigo, dejar claro quién es la amenaza, establecer un juicio ya mascado por otros que nos evite el esfuerzo de hacerlo por nuestra cuenta. Prejuicios políticos, prejuicios religiosos, prejuicios étnicos, prejuicios nacionales, prejuicios sociales que llamamos nuestra forma de pensar. Y aquí encontramos el que ha de ser nuestro principal esfuerzo: desguazar el motor que nos pone en movimiento para poder desmontar cada uno de los muchos prejuicios con los que se nos pone en funcionamiento. Enfrentarnos a la vida con nuestro propio pensamiento, aquel que sabe poner en cuestión todo lo que nos llega para abandonar lo que levanta barreras y quedarnos con lo que nos hace avanzar. Abrir nuestra puerta y dejar entrar al prejuicio para que vaya directamente a la chatarra y evitar que antes de tiempo quedemos oxidados.