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jueves, 14 de septiembre de 2017

Carta a un nieto que no tengo.


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Querido nieto que te encuentras únicamente en mi cabeza y en mi corazón. No sé si llegarás, como tampoco sé,  si así lo haces, si serás hombre o mujer, niña o niño, hoy por
hoy eres puro deseo, anhelo de una vida que va más allá de mí, que echa a volar cuando yo me encuentro en la despedida. Sólo necesito verte, la tristeza arrebata mi yo cuando me hago consciente de todo aquello que no puede hacer. Ahora veo las imágenes de los que tendrán que ser tus padres y percibo sus aromas, el sabor de sus rostros cuando les besaba y el peso de sus cuerpos cuando los tenía en brazos, cosa que no podré hacer contigo. Mis manos ya son incapaces de sostenerte, no podré sentir tu cabeza sobre mi hombro y besar sin descanso tu rostro. Sólo puedo imaginarte tumbado sobre mi pecho levantando la cabeza para mirarme sonriendo; ese pequeño cuerpo moviéndose sobre mi pecho. No puede demostrarse el amor sin contacto físico: no podré dormirte, no podré bañarte, no podré darte de comer ni sacarte a pasear. Pienso a menudo como podrás encariñarte con ese extraño y viejo ser que sólo podrá contemplarte desde esa rara silla o esa cama. Espero que mi mirada, mi sonrisa y mis palabras puedan hacer llegar a ti el inmenso cariño y la adoración ante la fuente de energía que supondrá tu nacimiento, en tu existir existiremos todos, cada uno de nosotros formamos parte de un solo ser y el principal objetivo de nuestra existencia es transferir la vida que hemos recibido, ser él punto y seguido de la naturaleza que formamos parte. Con nuestro actuar hacemos historia, con el tuyo también la haré yo. La vida es una simple  carrera de relevos y en cada uno de ellos permanece algo nuestro, puede ser un poco  egoísta que yo quiera contemplar hasta donde llega el mío.
Llegarás rompiendo a llorar, un llanto poderoso rajando el silencio, reivindicando tu lugar en este mundo; mientras mis lágrimas ya se derraman en silencio, caen lentamente inundando mi cara. Llegarás con  fuerza, acumulando cada día tu porción de energía, haciendo crecer el ego necesario para hacerte un hueco. Yo me iré escurriendo hacia la nada contemplando maravillado ese espectáculo de vitalidad. Es por todo esto por lo que quizás llegue tarde, el fruto de la vida me superará, lloraré de emoción  al verte y quizás de tristeza en la oscuridad de la noche soñando con el abuelo que me gustaría haber sido. Dirás qué todo lo que estoy diciendo no pasan de ser elucubraciones, fantasías de un viejo incapaz de adivinar lo que será o no será, pero con esas fantasías te hago nieto mío, te acuno, te beso, aun siendo una mera hipótesis ya te estoy queriendo.
En esta fantasía, todo mi cuerpo recupera su ser, hago un nido con mis brazos en el que todo el planeta tierra te acoge con alegría mientras yo te beso y me decido a esperar. No temas, la vida ruge a veces como un león desmelenado y en otras ocasiones te canta al oído como un jilguero. No te asustes, lo peor que puede ocurrir es que le tengas miedo, en una y en otra ocasión saldrás victorioso sí la huella que dejas es firme, es tu huella y no tú lo que perdurará. Ya estás viviendo a través de mi imaginación. Un beso muy grande en el que dejo colgada algo de mi vida para que tú puedas heredarla.



martes, 29 de agosto de 2017

HABLAR POR HABLAR




La globalización no es buena ni es mala, es sencillamente inevitable. Podemos plantearnos  como gestionarla pero nunca negarla sin más. El término “anti globalización” es un absurdo planteado en su literalidad como movimiento social de transformación; puede ser de alguna manera comprensible tratado como movimiento personal por el cual alguien decide adoptar un modo de vida contrario al dominante, movimiento que puede llegar a ser grupal siempre que cada uno de sus miembros adopte un modo de vida similar. Taparse la cara, romper escaparates o incendiar coches no va contra ningún sistema únicamente forma parte de la sección bárbara y un tanto descerebrada que todo sistema necesita para justificar ciertos niveles de represión. Esos jóvenes, una vez se deshacen de la máscara vuelven a ser tan integrantes del sistema como el resto más allá de la retórica que puedan esgrimir.
El movimiento antideslocalización, planteado como formando parte de ese otro mayor llamado anti globalización no pasa de ser una farsa. Pelear esa batalla, en justicia, sería combatir los derechos humanos y sociales de los trabajadores adonde han ido a parar las plantas de producción. Reivindicar su vuelta atrás en el fondo es demandar que la realidad permanezca tal cual, un Norte pudiente y desarrollado y un sur pobre y sobreexplotado. La globalización nos exige dos cuestiones:

·             La adaptación de las fronteras a ese mundo globalizado y la unión formal de los movimientos sociales capaz de enfrentarse a las nuevas problemáticas que surgen con la globalización. Los movimientos nacionalistas hoy no dejan de ser una iniciativa del pasado rancio  e inoperante vestida con ropas transgresoras de actualidad. La globalización exige recuperar de hecho el concepto de internacional mucho más allá de una retórica vacía. El internacionalismo ha de suponer una reestructuración de las relaciones internacionales económicas y de poder, que, de alguna manera, nos va a exigir un decrecimiento en el consumo de recursos naturales y un apoyo en el crecimiento de las infraestructuras económicas de los países más atrasados.

·             El empobrecimiento que puede suponer esa deslocalización debe intentar corregirse con la solidaridad, con el compartir. El empobrecimiento debería ser de todos pero empezar por aquellos que más tienen. Los fondos de solidaridad debería ser una práctica habitual en una sociedad como la nuestra, pero somos una de mucho hablar y poco hacer. Hacemos la revolución pero tranquilamente sentados en el café, toda acción social debe de ser cosa del Estado que nunca nos debe afectar al bolsillo, al menos al nuestro.

 Tomemos nota, llevémoslo a la práctica, pero ¡ojo! mi bolsillo el último.


viernes, 25 de agosto de 2017

Decir te quiero





Resulta contradictorio que en un país que se autodenomina como mayoritariamente católico y que tiene entre los mandamientos fundamentales el de “amarás a tu prójimo como a ti mismo” sea tan extraño escuchar un “te amo”. Hablar de amor es hacerlo de palabras mayores, decir te amo se encuentra reducido al ámbito de lo privado, fuera de esa intimidad sólo se generaría en esa persona un estado de perplejidad. Una declaración de amor viene a ser un propósito de vínculo que difícilmente puede extenderse más allá de una persona. Decir amor puede ser generar equívoco, provocar trastorno, incluso infelicidad; quizás el principal motivo para el uso escaso de esas palabras puede radicar en una triste realidad: raramente nos amamos a nosotros mismos, para intentar resolver esa contradicción es por lo que hemos buscado un sinónimo cuyo compromiso sea menor, que podamos decir alegremente sin vernos implicados por ello en una relación mayor, y aún así que poquitas veces decimos un te quiero, que poquitas veces lo escuchamos. Querer puede excluir el enamoramiento y puede resultar sinónimo de un término de afecto aún menor: el cariño, y aún así, insisto, que poco lo decimos, vivimos en una sociedad en la que mostrar afecto es difícil. Vivimos en la superficie, nuestro interior permanece vedado, solo la verbalización de nuestro pensamiento puede que nos haga conscientes del mismo; ese interior puede que nos resulte desconocido también a nosotros mismos si somos incapaces de transformarlo en palabras y gestos. Puede ser aquí donde encontremos el verdadero antisistema, el que evita la apariencia capaz de ser mercantilizada, el que se abre y es capaz de expresar su verdadero e indomable interior.


Propongámonos ser capaces de querer y ser capaces de expresarlo, de hacerlo en nuestros distintos ámbitos y distintos niveles, el del amor, el de cariño, el del deseo. Ninguno de ellos ha de avergonzarnos, únicamente es conveniente elegir el momento  y la forma. Es triste que uno pueda morir sin haber oído nunca un te quiero y es triste que uno deje pasar momentos importantes de su vida sin ser capaz de verbalizarlo y expresarlo de alguna manera, de hablar, de besar, de abrazar, de acariciar. Esa madre que hubiera pasado el día revoloteándole mariposas en el estómago si nos hubiéramos atrevido a pronunciar dos palabras tan simples, esos hijos que quizás hubieran roto sus barreras si hubieran crecido en un mundo de besos y palabras de amor, esas decisiones que hoy podemos lamentar no haber tomado. Querer a esa amiga que te lleva siempre a la risa y no dejar pasar la ocasión de decírselo, como a aquellos amigos y amigas que siempre saben estar en el momento justo, las que reaparecen  de pronto en tu vida abriendo espacios de felicidad.


Decir te quiero, sintiéndolo, es vivir el ahora. Escuchar constantemente tu interior y exteriorizarlo, descargar nuestro fuero interno y, de alguna manera, liberarnos, desprendernos  de esa carga que se nos va acumulando y taponando nuestra capacidad de expresión, nuestra libertad de pronunciarnos. En la medida en que seamos capaces de manifestar esa interioridad inhabitual y a veces dura lo seremos también para reivindicar nuestra minoría, para no temer quedar señalados. Decir te quiero, es también ser capaces de vincularlo al placer y al dolor, a la noche y al día, decirlo desde el gozo o de la tristeza, manifestarlo como la alegría de la vida o como la petición de perdón por tanto silencio. Decir te quiero es utilizar tu cuerpo, ser capaz de decirlo con una mirada, con una caricia, con un beso, superar tu espacio íntimo para invadir, sin agresión, el del otro. Lo importante del te quiero no es lo que consigues a cambio de la otra persona sino lo que consigues para ti mismo: la libertad, la felicidad de ser quien, en el fondo, siempre quisiste, la satisfacción de atreverte a mostrar tu yo.




martes, 1 de agosto de 2017

Memento morí





Seguro que más de uno recordará estas palabras y su origen, el siervo que tras el general que entraba victorioso por las calles de Roma en medio del clamor popular le recordaba una y otra vez que nunca olvidase que sólo era un hombre, un mortal, que todos esos vítores nunca le hiciesen creer que era un dios. Son quizás las palabras que con más frecuencia se hacen presentes en mi vida y ahora, al verlas tatuadas en el brazo de una persona muy querida, esa presencia se me ha agudizado.
Memento morí, recuerda que eres mortal, simplemente un hombre. No te dejes endiosar por los méritos conseguidos, estás hecho de la misma materia que el resto de los mortales, únicamente eres una amalgama de células, tu sangre también es roja y dejará de circular por tu cuerpo cuando mueras. Eres humano y habitas con ellos y dónde ellos. Tu Olimpo es artificial y podrá ser destruido por aquellos que pretendes mantener alejados de ti. Se abalanzarán sobre ti y descubrirás de golpe que tienes las mismas debilidades que aquellos que te golpean. El engreimiento es la mayor de esas debilidades. No perteneces a otra casta, tu linaje es sólo un artificio. Mira de frente a aquellos que contemplas desde arriba. Los ves, son como tú, con tus mismas necesidades, aquello que has conseguido no te convierte en mayor, en más grande, en intocable. Tienes la misma bajeza y la misma pequeñez, perteneces a ese pueblo llano, tus méritos no son solo para ti, sino también para ellos; en la medida en que te distancias no eres consciente que desapareces, te vuelves insignificante, sólo existes en la medida en que eres consciente de tu condición mortal. No olvides nunca que en la medida en que dejas de ser sencillo y humilde dejas de percibir muchas cosas importantes de la vida, las anteojeras que la soberbia te pone te impedirán ver todo aquello que para tu condición social pasa desapercibido, la mayor parte de la vida y la existencia de tus conciudadanos del mundo.
 Memento morí, recuerda que eres mortal, simplemente un hombre. Hoy te encuentras en lo más alto pero mañana caerás. Donde hoy has acertado mañana puede que yerres. La vida puede convertirse en un devenir tortuoso, lo que ayer fue dulce hoy puede ser amargo, donde saltabas de alegría hoy te inunda la tristeza. Naciste frágil y frágil morirás, la fortaleza debe residir en tu espíritu. Que no te invada la soberbia cuando venzas, como tampoco debe cundir el desánimo cuando caigas vencido. Te alzaste sobre ellos, mañana caerás a sus pies. Caes, levántate, duermes, despierta, lloras, ríe, temes, tranquilízate, retrocedes, avanza. Tu cuerpo no es una coraza, puede que mañana lo veas desmoronarse. Pilota si puedes un cuerpo desmadejado, mantén tu luz aunque la oscuridad te inunde, que esa luz sea también la de todos. Simplemente un hombre, todo un hombre.
 Memento morí, recuerda que eres mortal, simplemente un hombre. Morirás, aprovecha tu vida, aprovecha el momento, carpe diem. Naciste mortal, aprovecha cada instante de tu existencia. Tienes tantas cosas por hacer, tanto por ver, tanto por descubrir. Es hoy cuando puedes dar ese paso, no lo aplaces, no lo dejes para mañana. La vida está hecha de presentes. Es el presente de hoy el que te va a forjar el presente del mañana, no dejes que el tiempo haga las cosas por ti, sé protagonista de tu momento, responsable de tu quehacer; vive la vida, no desperdicies la ocasión que esta te brinda. Sonríe siempre qué puedas, acaricia, besa, acompaña, ríe pero también llora cuando sea necesario. Vivir no es solamente el momento de placer sino también, a veces, el del sufrir, la alegría y la tristeza. Son esos altibajos de emociones los que te forjaran como persona.
Memento morí, recuerda que eres mortal, simplemente un hombre. Nunca olvides que llegará el momento de morir. La muerte forma parte de la vida, marca el momento de llegada en el que has de estar satisfecho con lo que has hecho. No temas ese momento, afortunadamente el hecho de vivir no es eterno. Será inevitable la tristeza por todos aquellos que dejas atrás. Que la despedida no te llegue con perdones sin pedir. No somos perfectos, con frecuencia recordarás tus errores, el paso del tiempo te hará imposible corregirlos pero al menos muestra que has sido consciente de ellos y que esa conciencia te ha otorgado la humildad suficiente como para llegar al final con la generosidad necesaria como para disculpar los agravios recibidos y pedir disculpas por los realizados. En la vida harás daño sin desearlo, incluso queriendo a la otra persona, que las lágrimas que puedas verter por ello sirvan para recibir esa indulgencia. Que cuando te vayas el recuerdo que quede de ti en los otros sirva para endulzar tu ausencia y pueda orientar en parte su camino.


Memento morí, recuerda que eres mortal, simplemente un hombre. Grábatelo en ti.

martes, 25 de julio de 2017

La muerte: Dios y sus mediadores.


 Cuando Dios quiera”, esa es la expresión que a menudo se interpone entre una persona y la muerte. ¿Qué clase de Dios es ese? El que decide cuándo, cómo y dónde ha de morir uno, aquel que controla cada segundo de nuestra vida, aquel que nos la arrebata. La vida no es nuestra sino de Dios. Él nos la dio y él ha de quitárnosla. Vivimos de prestado en una vida que no es la nuestra y en la que una lotería nos otorga la riqueza o la miseria,  la salud o la enfermedad, la felicidad o la desdicha, y en la que este dios arbitrario nos condena a jugar con la baza que nos ha tocado, no podemos cambiarla, no podemos retirarnos del juego. ¿Acaso este dios disfruta con nuestro sufrimiento? ¿Se trata de un Dios inmisericorde? ¿Cuál ha de ser nuestra respuesta, la aceptación o la rebeldía? ¿Quién, en realidad, nos ha expropiado la vida? ¿Dónde está ese Dios? ¿Quién se ha concedido el privilegio para hablar en su nombre? Son esos mediadores los que se atribuyen el privilegio de otorgarnos la gracia de la salvación o disponen nuestra condena, los que establecen, incluso, el momento de nuestro perdón. Son ellos los que hablan mientras Dios permanece en silencio. Se ha plagado la vida de intermediarios, los jueces que han de mantenernos bajo control. Pero se les fue este control de las manos y entre la vida y la muerte se les han instalado otros dueños y señores: buena parte de los médicos. Su deontología parece exigirles una lucha hasta el final contra la muerte, aunque sea contra toda esperanza. Su éxito será arrebatar el cuerpo a esa muerte, aunque los restos que queden de ese cuerpo sean inanimados, aunque para ello agoten el cuerpo hasta la desesperación. No importa que en esa lucha contra la muerte el primer destruido sea el paciente.
Asisto a los momentos finales de un nonagenario con un único problema, no haber entrado en coma, es por eso por lo que el médico se resiste a dejarlo ir. Sin despeinarse, limpio, intachable,… intocable, ha tomado el mando en esta decadencia, a pesar de que el enfermo difícilmente responda a cualquier estímulo, a pesar de su rostro de agotamiento, a pesar de que todo aquel que se acerca es consciente de que está asistiendo a su final. Menos él, abanderado de la vida, se encuentra dispuesto a alancear a todo aquel que intente arrebatarle ese estandarte, incluso al propio enfermo. A pesar de que la mujer se lo demande, será su responsabilidad, le esgrime. Cómo cargar con esa culpa los días que le quedan. A pesar de que su sacerdote le haya dicho que le deje ir. Ya no es fe lo que le mueve, únicamente es fanatismo. También en la ciencia podemos encontrar fanáticos. Dictador de bata blanca, ejerce su absolutismo sobre todo aquel que se le pone a mano. Cesar que no aprendió el sentido de la palabra piedad.
Ese dios, si existe, no merece ser llamado como tal si es tanta su falta de compasión. La muerte acoge piadosamente al ser humano cuando ya no puede más con su vida, cuando el cuerpo que la mantiene se encuentra agotado, cuando ya cada minuto carece de sentido. La muerte forma parte de esa vida y esa es su función, pero los mediadores artificiales se empeñan en interrumpir su ciclo natural. Se nos ha arrebatado el derecho a decir basta, hemos dejado en manos de extraños el qué hacer con nuestra propia vida y nadie se atreve a corregir a un dictadorzuelo coronado por una sabiduría técnica pero carente de la más mínima sabiduría humana. Tememos ir contra Dios pero ese dios no existe, de hacerlo sólo ir contra él nos daría cierta libertad. Ese Dios no existe, sólo ha sido inventado para engordar el poder de esos mediadores. Sólo un Dios que llore, que comprenda nuestro sufrimiento y que se haga cargo de la necesidad que podamos tener de librarnos de la vida cuando esta supone una carga insoportable merecería nuestra fe, el que sea nuestro aliado y no un riguroso juez. Un Dios que también es muerte, pero no aquella que viene a castrar una vida en flor y que convierte en tragedia y sufrimiento el último periodo de la existencia, sino una muerte que acoge, es piadosa, hace descansar y, paradójicamente, sana.







miércoles, 28 de junio de 2017

EL POBRECITO ENFERMO




Tengo esclerosis múltiple secundaria progresiva. Es decir, en mi caso, ya no puedo mover las piernas y las manos  van camino de ello, la derecha, inútil, se va cerrando y la izquierda ya está muy limitada. Necesito que una persona me vista, levante y asee todos los días. Esté donde esté estoy prácticamente inmovilizado, dependo de los demás en todas mis necesidades.


En la cama, inmóvil, solo, con la vista fíjate en el techo, ando lamiéndome las heridas, cuando, para mi sorpresa, empiezan a desfilar ante mí un batallón de desechos reflejados en el mismo espejo en el que yo me cuento las penas. Aparece esa amiga también confinada en la silla de ruedas, sola, sin nadie que escuche sus lamentos, que la abrace y le hablé cada día del mundo que le es ajeno. La miro, le sonrío, cruzamos unas palabras insulsas intentando no entrar en el fango. Recuerdo a mi mujer y que se aproxima la hora en la que vuelva del trabajo. Pasan aquellos amigos, también en soledad aunque convivan en familia, aquel lugar no es un lugar propio en el que, tranquilamente, puedan ser ellos. Arrastrando la búsqueda permanente de empleo, las penurias económicas, la permanencia de yo oculto allá donde nunca debería ser necesario tener algo de ese yo escondido, el de la familia desestructurada en la que el beso y el escupitajo se encuentran mezclados, aquellos que me muestran la bondad alcanzada entre la tormenta, la inocencia  mantenida entre las zancadillas de la vida. Los que cuidan mi cuerpo, los que me protegen. Les sonrío, me sonríen y me lanzan un beso. Dentro de unos días vendrán mis hijos y entrará aire fresco en mi casa. Llegarán, me abrazarán y besarán y estarán pendientes de mi todo el tiempo. Acudirán a la más mínima llamada.


La procesión sigue. Incorporo la cama para verlos mejor. Los que ocupan mi silencio ahora no los conozco personalmente pero sí he oído hablar de ellos. Los que se juegan la vida en el mar con la intención, sencillamente, de sobrevivir; los que se la han jugado y la han perdido, ese viejo al que empujan en silla de ruedas entre el barro. Giro la cabeza y contemplo mi silla de ruedas eléctrica. Delante de mí pasa ese negro al que la policía una y otra vez le pide la documentación; niños raquíticos en brazos de su madre, esas personas millones de escalones de dignidad por debajo de la nuestra, allí de donde traemos a precio miserable aquello de lo que nos alimentamos y con lo que construimos este cómodo mundo en el que vivimos. Los desconozco, me generan incomodidad verlos tan cerca de mí, pensar en mi frigorífico, en mi televisión, en mi aire acondicionado, todo aquello que tengo y poseo sin saber su verdadero precio.  Ante mí, desfilan aquellos que viven y mueren siendo, a veces, conejillos de indias de nuestras farmacéuticas, las parturientas sin lugar donde dar a luz, las madres sin leche, los niños diferentes que son abandonados por su diferencia, las niñas violadas, las que son casadas a la fuerza a temprana edad, las víctimas de la ablación, los niños de la guerra, las niñas vendidas para la prostitución, niños y niñas que casi nunca han pisado una escuela, familias enteras bajo los escombros. Pienso en mi casa, pienso en mis medicamentos, pienso en mi. Por alguna razón este inválido, que permanece inmóvil en su cama, ha roto a llorar.


Viejo caradura, no tienes nada de pobrecito; mira a tu alrededor, todo lo que tienes: la familia, los amigos, el dinero, la estabilidad, la casa, sus objetos, la sociedad que te rodea, la sanidad que te cuida, la educación a la que has ido, los derechos de los que disfrutas, y el muro que te separa de ellos, aquellos que hoy se han mostrado ante ti. Ni siquiera con las enfermedades graves desaparecen las clases,  los ricos y los pobres, los beneficiados y los perjudicados, los importantes y los insignificantes, el atracador y el atracado. Es mucho más lo que debes a la vida que lo que la vida te debe a ti, a lo que estás obligado sea cual sea tu estado de salud. No te hagas el pobrecito, no insultes a la vida.


viernes, 16 de junio de 2017

AFORISMOS (I)



1.          La pureza del nosotros es debida a la impureza del mestizaje.

2.       Toda nación tiene su principio y su final. El mérito de los gobernantes es que a ese final se llegue sin sangre.

3.         El todo exige la soberanía para decidir sobre la parte y la parte reivindica la soberanía para decidir por sí sola. Pero cuando la parte se transforma en todo exige la soberanía sobre sus subpartes negando a estas la posibilidad de decidir por sí solas.

4.         Toda nación crece gracias al rechazo al otro.

5.         La nación a la que pertenecemos puede cambiar de nombre, pero es posible que el poder no cambie de manos aunque cambien sus apellidos.

6.         La patria por la qué sientes tanto seguramente la odiarías si fuese tu nación vecina.

7.         Es nuestro pecado idealizar a aquellos que veneramos sin llegar a asumir que todo rey está desnudo.

8.         La pureza de la que presumimos también pueden envenenarse, pero el sabor del veneno es tan dulce que no llegamos a percibirlo como tal.

9.         Una persona crítica siempre es incómoda en un aparato.

10.   Si mi pensamiento es crítico, mis seguidores, si los hay, no pueden estar de acuerdo en todos y cada uno de los puntos, si es así no son seguidores míos.

11.   Aquel dispuesto siempre a cambiar su discurso sólo tiene un interés: permanecer en el poder.

12.   Nuestros cambios de opiniones en la vida sólo ponen de manifiesto una cosa: siempre estamos en el error.

13.   Aquel que ha cambiado de opinión en distintas ocasiones de su vida y siempre cree poseer la verdad absoluta lo único que demuestra es su engreimiento y gran ignorancia.

14.   Pienso, luego estoy equivocado.

15.   Mi mirada que parece juzgar no viene tanto del ánimo censor por mi sabiduría, como de la observación por mi ignorancia.

16.   ¿Quién soy yo para sacar a alguien de lo que yo considero error, si ese alguien es feliz y bondadoso con ello?  Si mi intervención hace que se desmorone y únicamente le genera infelicidad, tengo la respuesta: no soy nadie.

17.   Para mis células yo soy su dios, pero solo soy una hipótesis imposible de demostrar.

18.   Yo puedo ser un dios para mis células, pero las desconozco, no soy omnisciente, ni puedo hacer con ellas lo que quiera, no soy omnipotente.

19.   Yo me encuentro en manos de mis criaturas, mis células, pero ellas no están dependiendo de mi.

20.   La espiritualidad rodea la acción, va por delante de ella, se encuentra por debajo y por encima de todo paso y empuja a actuar en la vida.  

21.   El ser espiritual no levita flotando por encima de la realidad sin mancharse con ella sino que siente la necesidad de intervenir en la misma.

22.   Siempre tenemos la obligación moral de preguntarnos por las consecuencias de nuestras acciones. No podemos renunciar al pensamiento crítico e intentar quedarnos al margen como simples espectadores.

23.   No tener futuro no tiene por qué suponer no tener presente, al contrario, se puede vivir en un presente perpetuo.

24.   Cuando uno depende de otra persona para sobrevivir, esta persona también depende de él. Dos santos atrapados en un infierno.

25.   Buena parte de aquello que hoy amamos y nos sentimos orgullosos, no hubiera sido posible sin los dolores y tinieblas del pasado.

26.   Cambia un minuto traumático que aconteció en tu vida y puede que hayas perdido hoy aquello que más quieres.

27.   El enamoramiento exige cierta tensión diaria, el esfuerzo de mostrar aquellas caras que creemos enamoran y ocultar aquellas que pensamos pueden desenamorar.

28.   Esta actuación es imposible convertirla en un hábito. No puede construirse una relación duradera sobre la misma.

29.   El amor sólo es posible construirlo sobre nuestro ser completo, aquel que muestra nuestras bondades pero también nuestros defectos.

30.   La persona que entra en su hogar entra para el reposo, no para mantener el artificio.