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lunes, 7 de septiembre de 2020

SOBRE MORIR


La decisión de Alain Cocq, afectado de una rara enfermedad degenerativa, hoy por hoy incurable, y en un momento de sufrimiento extremo de dejarse morir renunciando a su alimentación ha supuesto una removida que se ha visto acrecentada al acompañarla con otra decisión, la de mostrar en directo su deterioro final a través de Facebook, emisión que la red social en el último momento ha impedido. Fue el conocimiento de esta noticia lo que hizo que me pronunciase apoyando su postura y manifestando mi coincidencia, en buena medida, con ella. Podría ser que la manera de hacerlo no haya sido la más adecuada y es por eso por lo que generó cierto revuelo.

He de agradecer en primer lugar, por supuesto, las muestras de apoyo y cariño. Me duele haber generado malestar y dolor entre la gente a la que quiero. Comprendo que la muerte es una despedida sin retorno, imagino que esto es lo que verdaderamente causa dolor, no la muerte en sí que no es sino un momento más de nuestra existencia. Junto a ese factor negativo existe, sin duda, otro positivo, la muerte puede suponer un descanso del sufrimiento físico y psíquico, sufrimiento que no siempre puede ser paliado.

El tiempo es relativo y anunciar algo sin poner fecha al acontecimiento, especialmente si este es malo, es fácil que se piense en su inmediatez. En este caso no es así; desde hace años defiendo la eutanasia y el suicidio asistido y aún me encuentro aquí. He manifestado que echaría mano de alguna de estas opciones si la enfermedad me llevara a una situación insoportable o se uniera a ella algún tipo de demencia como, por ejemplo, el Alzheimer. No hablo ni de cobardía ni de egoísmo, hablo, fundamentalmente de no ser una carga para mis seres queridos y que me quieren. La carga es evidente cuando se quiere. Tampoco hablo de depresión, durante la vida creo que hay que mantener un punto importante de alegría, creo que mi papel ahora es dar testimonio de que esto es posible. Por muy enfermos que estemos no tenemos derecho a amargar a los otros. Pero mantener esta alegría en una situación como es en la que me encuentro no deja de ser un esfuerzo, no me privéis de la libertad de poder decir basta en algún momento. No confundáis el amor y lo convirtáis en una condena.

Ha llamado mucho la atención que Alain Cocq haya decidido retransmitir en directo su muerte, cosa que al final no ha sido posible. Quizás no, pero todo depende de cómo se mire. Alain no pretendía convertir su muerte en un espectáculo ni generar morbo, su intención era utilizar la red y también los medios de comunicación para dejar en evidencia al poder, su insensibilidad y cerrazón. Su pretensión era mostrarse como un mártir que ha producido esa insensibilidad. Cuando yo pienso en ese momento no comparto nada parecido a un reality sow pero sí la utilización de los medios. Mi deseo es pasar mis últimos momentos en la intimidad con mis seres queridos. Todo siempre en la suposición de que en esos momentos no haya leyes que regulen todo esto o yo quede fuera de la aplicación de esas leyes.

¿Por qué dejar de comer y beber? Porque tanto él como yo no podemos mover parte alguna de nuestro cuerpo salvo la cabeza. Tendríamos que recurrir al suicidio asistido que está igualmente penado por la ley y que castigaría a la persona o personas que nos ayudaran a morir. Ante la falta de autonomía sólo nos queda la posibilidad de dejar de comer, y de beber si se quiere que el proceso sea más rápido. En mi caso creo que dejar sólo de comer da más tiempo para denunciar la situación.

Pero la vida da muchas vueltas. Quién sabe si es la muerte la que vendrá a por ti antes de que seas tú el que vayas hacia ella, o cambien las circunstancias y esa mudanza te haga cambiar de opinión. Quien sabe. Sólo deseo que si llegara el momento respetéis mi decisión sin dramatismo y, si es posible, con buen humor; y a los que cargando con las tablas de la ley, se atreven a juzgar, yo les pediría la posibilidad de que me permitan rogar a su Dios que aparte de mí ese cáliz.

Pero el momento no ha llegado.

lunes, 3 de agosto de 2020

Burra de carga



Recuerdo de las madres de antaño que con cierta frecuencia expresaban su lamento con un “sólo soy una burra de carga”. Supuestamente no trabajaban, pero eso sólo decía que no lo hacían fuera de casa y de forma remunerada porque dentro y sin recibir pago alguno a cambio lo hacían todo. Resulta verdaderamente complicado no pensar en ello desde la situación en la que me encuentro. En el momento en el que comencé la vida en pareja intenté evitar reproducir en ella un reparto tan desigual de las tareas, si es que por aquel entonces ya se podía utilizar el término “reparto” sin sonrojarse uno. He de decir que al menos lo intenté, aunque ha de ser mi compañera la que debe decir si lo conseguí o no. Logrado ese objetivo o no, desde luego no contaba yo con que hacia la mitad de mi vida me iba a sobrevenir una maldita enfermedad que me iba ir arrebatando todos y cada uno de los papeles que me había adjudicado hasta quedar postrado en cama sin poder mover parte alguna de mi cuerpo salvo la cabeza, movimiento que resulta de escasa utilidad para colaborar en las tareas del hogar. Llegado a este punto no sólo entregué mis ocupaciones sino que además me convertí en una ocupación más, una discreta manera de decir que me convertí en una importante carga. Muy difícil resulta la manera de evitar ese lastre por muy llevadera que se quiera hacer la forma de tenerlo. El problema, queramos admitirlo o no, sólo hay una forma obvia de resolverlo.


viernes, 17 de julio de 2020

Casi poemas (14)




Me niego a tener miedo a tu contacto,
quiero encontrarme atrapado en la telaraña de tus manos,
saborear intensamente el pecado de tu sexo,
introducirme de lleno en el contagio de tus besos,
dejarme llevar hasta perderme por tu aliento,
ráfaga de vida cargada de veneno,
beber en tus ojos toda tu amargura
hasta extraer con mi boca tu calentura,
tragar con ansiedad el veneno de tu saliva,
sentirme remojar con el sudor de tu axila,
poder entrelazar mi lengua con la tuya
y absorber cada poro de tu piel desnuda.
Jamás te quisiera sentir lejos,
soy consciente plenamente del riesgo,
caudal aliviado en el que bañarme,
pozo profundo de placer, si es necesario, en el que ahogarme.




Cuando la vida se hace ruido,
intenso y permanente ruido,
desagradable y obsceno ruido,
solo es decente el silencio.
Cuando ya todo se siente dicho,
cuando toda palabra sobra,
toda es artificial y redundante,
solo se ansía el silencio.
Cuando nada se comprende
y nada se quiere entender
solo se desea vivir en la ignorancia.
Lo que importa de verdad es el silencio.
Silencio entre nubes,
muda garganta ronca
voceando su miedo.