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lunes, 17 de noviembre de 2014

CENICIENTA


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¿Cómo descubrir las grandes personas? Llevan su enormidad escondida en algún bolsillo de su ropa y raramente se atreven a mostrarla, ocultan su lámpara bajo el celemín que entre todos les hemos colocado, pero, silenciosamente, dan un paso hacia delante cuando el resto lo dan hacia atrás, abren sus brazos cuando los demás se encuentran preocupados en cerrar sus puños y sus lágrimas resbalan por su rostro en un llanto que queda ahogado por las carcajadas de la inmensa mayoría. La vida no es un cuento pues en ella los zapatos de cristal verdaderos son hurtados por la llamada gente despierta y las cenicientas muy ocasionalmente abandonan su lúgubre labor. Pero las auténticas princesas se encuentran de fregonas limpiando los suelos de rodillas o andan quitando cacas y mocos; muy raramente, por no decir casi nunca, tienen título de infantas o son estrellas de la televisión.  A la cenicienta, en la vida real, o no se le deja entrar a palacio o se encuentra en su casa de vuelta a la fuerza mucho antes de las doce de la noche. Y, sin embargo, uno se puede sentar ante ellas y dejarse bañar por su sonrisa a pesar del dolor acumulado y sentirse alegremente dependiente porque sabe que con ella siempre podrá alumbrar el sol al final del túnel.

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