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miércoles, 8 de junio de 2011

RELEVOS



Cuando nadie lo esperaba surgió el movimiento 15-M, cuanto menos una llamada de atención del camino marcado que seguimos. La juventud perezosa se ha desperezado, la madurez, sorda pretende seguir mirando hacia otro lado. Juventud, esperanza y miedo a la vez. Motivo de orgullo y de humildad. ¿Qué somos? ¿Qué hemos hecho? La juventud nos pone delante el espejo. A menudo no nos gusta lo que vemos reflejado y tendemos a echar la culpa a quien soporta el cristal sin querer ser conscientes de que entre ambos extremos siempre hay una continuidad y es esa noción de continuidad la que hay que transmitir. La existencia es un proceso compartido en el que ellos nunca parten de cero sino desde el punto en el que nosotros les dejemos partir. Es ese proceso en el que los focos han dejado de iluminarme para pasar a alumbrar a otros el que he vivido estos últimos días. Mi hijo mayor ha cumplido dieciocho años, acabó los estudios de bachillerato, comienza una nueva etapa en su vida lejos de nosotros. La vida continúa. Pablo, hijo de unos amigos y amigo, nos demuestra encima de un escenario que el futuro está en sus manos y que ese futuro ya ha empezado a hacerse presente. La vida continúa.





La vida es una carrera de relevos y la clave está en el testigo, nosotros somos simplemente corredores responsables de recorrer una distancia determinada y de realizar correctamente el pase. Es ese tubo rígido que ha de pasarse de mano en mano evitando que se caiga el que da sentido a la carrera, es allí donde se concentra la atención. Correr todo lo rápido posible y hacer la entrega en el momento adecuado y de la manera adecuada para evitar su caída. Es ese tubo el que une a los dos corredores, al que entrega y al que recibe. Nuestra tarea es no perderlo y entregarlo adecuadamente. Somos servidores de ese testigo: nuestros sueños, aquello que perseguimos, aquello que quisimos ser, aquello que somos, los estímulos a los que respondemos, de la manera en como lo hacemos, nuestros aciertos, nuestros errores, lo que tenemos, lo que nos falta, la cara que mostramos, las tinieblas que llevamos dentro, los valores que vivimos, el discurso que tenemos, lo que nos place, lo que nos perturba. Lo que somos y lo que no hubiéramos querido ser.





En estos días pasados he tenido la oportunidad de visualizar que el testigo está entregado y que son otros los que inician su carrera. La zona de aceleración ya ha terminado y ya estamos en la de entrega. Es necesario ceder el testigo en ella, ya no es nuestro, no podemos pasarnos de sus límites con él en las manos. Hemos corrido hacia la meta, pero no nos corresponde a nosotros entrar en ella. Una vez el testigo en sus manos, será su carrera, su esfuerzo, su meta, aquella que tampoco cruzarán. Será su testigo, aquel que reconoceremos y que no. Lo habrán hecho suyo para que después sea de otro. Su carrera será la de todos, aquella que no sabemos donde se inició y de la que no vislumbramos su final. Con él en las manos podrán rectificar el camino si así lo consideran, no se trata de dar vueltas y vueltas a la noria, de dejarse llevar por la inercia, de correr hacia un abismo sin poner nada de su parte. Su final será el comienzo de otros. Podemos elegir ese punto de entrega y qué testigo damos. Lo harán mejor que nosotros. Ya lo hacen mejor. Lo moldearán más acertadamente. Contendrá su ADN. Su huella.





El placer de la carrera, el placer de vivir. El esfuerzo, el dolor de vivir. Correr y verlos a ellos esperando nuestra llegada. Acelerar, el testigo bien sujeto en la mano. Dar la señal. Él lleva su brazo hacia atrás para recibirlo, la mano bien extendida; ya lanzado a la carrera. Depositar el tubo en su mano y desacelerar. Ver como se aleja. Jadeando, poder sentarse en la pista y contemplar su carrera. Disfrutar del momento. Descansar. Por fin descansar.


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La maza... el téstigo. Gracias, Pablo.

2 comentarios:

  1. Me gusta la metáfora del testigo pero no me gusta la imagen de la carrera, ni acelerada, ni desacelerada... Tampoco me gusta cómo suena eso de "Descansar. Por fin descansar". Lo siento. Un abrazo continuo y nuevo.

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  2. Es verdad, soy consciente de como suena, aunque he de decir que no dice más de lo queria que dijera. Asumo plenamente su sentido. Aunque parezca paradójico, creo que en la vida, la fatiga no está reñida con la felicidad.

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