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lunes, 10 de febrero de 2014

CALDERILLA


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Calderilla: Conjunto de monedas fraccionarias de poco valor.

No habrá quien reste valor a esos gastos de “ridícula cuantía” que aparecen en las numerosas facturas por las que la Infanta ha sido imputada: un parking de 45 céntimos, un “timbre” de 0,60 euros o un café de 0,95, todos ellos cargados mediante tarjeta a una empresa fantasma como Aizoon S.L.; y, sin embargo, es en ellos, a mi modo de ver, donde se encuentra la clave, los que son realmente dramáticos, los que reflejan una realidad completamente fragmentada, los dos mundos tan dispares que uno no parece tener conocimiento de la existencia del otro. Tantas vidas en una misma vida.

Estoy convencido de que tanto Iñaki como Cristina no pagaron estos gastos mediante la tarjeta de la empresa por un excesivo afán de enriquecimiento como por algo mucho más simple: no llevaban calderilla encima. Para ellos el dinero es sólo un abstracto y no algo concreto. Hace tiempo que no necesitan convivir con esa realidad de metal o papel tan incómoda y con ello con esa experiencia tan molesta de no llevar nada encima y el apuro de no poder pagar un gasto mínimo o, peor aún, con el drama de no  poder costear los pequeños gastos básicos de los que se nutre la vida. Para Cristina esta ha sido, quizá, toda su vida, para Iñaki no hace tanto, pero uno se acostumbra fácil a esa realidad y olvida aquella otra que uno termina percibiendo, lejanamente, como una simple amenaza.

Sin embargo la calderilla existe. Existen esas monedas usadas, es posible que algo roñosas y ese papel gastado, manoseado, sucio, incluso escrito; y existen las personas que las usan, que las guardan, que las atesoran con esmero porque una de esas monedas pueden suponer la posibilidad de una barra de pan o de un paquete de leche, y un billete deteriorado la de la comida del día. Sí, esas personas existen aunque Cristina e Iñaki es posible que no conozcan a ninguna, nadie esté así entre su círculo de amigos o familiares. Hay personas al otro lado de su realidad que no disponen de esa calderilla no porque utilicen Visa Oro sino porque carecen de empleo. En España, ese país del que parecen alardear, hay millones de personas sin trabajo y, por lo tanto, sin “calderilla” que acumular para poder pagar la hipoteca, el recibo de la luz o la alimentación del día. Hay cada vez más niños que van hambrientos a la escuela, no son una ficción sino una realidad a la que le suenan las tripas y va adelgazando. Bueno, seguramente tampoco habrán visto niños así ni los habrán tenido cerca para saber como hablan o como huelen y seguramente también sus hijos estarán bien protegidos contra ellos inmersos en el mundo feliz de papel cuché que alimenta con sueños a los indigentes. Esa gente existe aunque para Cristina e Iñaki no pase de ser también sino simple calderilla, algo de poco valor empeñado en amargar el día y existe avanzando en pateras, oculta en los bajos de un camión o arriesgando su vida con las cuchillas de un valla.

Pero no están ellos solos en su mundo, tampoco pasa de ser calderilla alrededor de la mesa del Consejo de Ministros. Los números no lloran y no necesitan conciliar el sueño, no se tiran por un balcón ni nos generan interrogante moral alguno; y las personas, las personas no se dejan maniatar en una gráfica ni forman parte de la macroeconomía que con sonrisa de brote verde se empeñan en presentarnos cada viernes al final de cada Consejo.

Son calderilla también en los Consejos de Administración de los Bancos o de las empresas multinacionales, en el Fondo Monetario Internacional y en las cumbres de Jefes de Estado. Calderilla que solo sirve, como mucho, para una foto. Una realidad, en todo caso, virtual, carente de sustantividad, de existencia independiente de ese planeta de paraísos terrenales y fiscales. El verdadero paraíso está en la tierra y sólo es para unos pocos a condición de que el cielo para los muchos se encuentre en el más allá.

Pero la calderilla pesa porque puede acumularse mucha cantidad, no cualquier bolsa es capaz de sostenerla, a veces su peso es capaz de romper el fondo y el montón de sustantividades (porque entonces la recuperan) se derrama por el suelo. Entonces Cristina, Iñaki, Juan Carlos, Mariano, Soraya, Cristobal, Luis, Ana, Mª Dolores, Emilio, Amancio, Juan, Alicia, Alberto, tened cuidado, pudiera ser que esa avalancha os termine sepultando.
http://cabozo.com/wordpress/wp-content/uploads/2012/03/deuda-calderilla-bolsillo-vacio1.jpg 

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