Etiquetas

viernes, 11 de enero de 2013

¿DISCAPACITADO? Claro que sí.

-->



Vivimos en una sociedad hipócrita empeñada en coger con pinzas todo aquello que puede manchar, que puede doler, que exige cambios e iniciativas. La sociedad de lo políticamente correcto que se ha enseñoreado del lenguaje. No es gratuito este enseñoramiento disfrazado de paternalismo, tras la apariencia del cuidado y del respeto solo pretende mantener la realidad tal cual, eso sí, con un ficticio lavado de conciencia.

Soy un discapacitado, claro que sí. No quiero decir con ello que no tenga capacidades, claro que no. No quiero decir con ello que no sea capaz de desarrollar otras capacidades más allá de las perdidas y que quizás, de otra manera, no hubiera desarrollado igual, claro que no. Pero es obvio lo perdido, es inútil pretender mirar hacia otro lado, cerrar los ojos. Es patente lo que ya no volveré a hacer, evidente el retroceso, lo que la vida me ha privado y tuve, las limitaciones que me va imponiendo. A qué pretendo jugar si lo negara, si participara cual castrati de esta ópera bufa, simulando que no pasa nada, que lo que se pierde por un sitio se recupera por otro. No es así, lo perdido perdido está y se echa de menos, se echa mucho de menos. Cuestión aparte es qué hago yo con mi vida, como manejo el timón, que recursos desarrollo. Pero esto es cosa mía, poco importa más allá de mi ámbito privado, poco valor, más allá de eso, puede tener aunque lo tenga.

Poco me importa el término que me otorguen. Soy un discapacitado, he perdido capacidades, claro que sí. Soy un minusválido, no me puedo valer por mi mismo de igual manera que ayer, claro que sí. Me encuentro hecho un cascajo aunque mi cabeza intente llegar cada vez un poco más lejos; un pequeña (o gran) ruina, aunque la vida dibuje monumentos en el vertedero. No me afectan las palabras, sí me afecta la tibieza, ese andar de puntillas en torno al dolor. Llamemos a las cosas por su nombre. No agreden las palabras, agrede la actitud aunque se envuelva en papel de celofán. El problema no es cómo lo llamamos, el problema es qué hacemos con ello, qué hace la sociedad con ello, qué hacen sus gestores. El encubrimiento lingüístico no es una cuestión de pudor, no es solo un tabú, es un problema político. La diversidad funcional no dice nada salvo una obviedad y esta sí puede llegar a ser insultante pues puede esconder el factor político del asunto: la compensación. La diversidad es una categoría fundamental de toda sociedad pero se encuentra en todos los frentes y en todos ellos ha de tenerse en cuenta si aspiramos a una sociedad justa; el de la movilidad no tiene por qué ser el primero. No se trata solo de diversidad, se trata también de que las situaciones de partida son desiguales y por tanto los alcances también lo serán. Hay realidades con difícil solución pero no es el caso de la mayoría de ellas, falta la disposición para tenerlas en cuenta y compensarlas.

Llámenme tullido, lisiado, impedido, pero preocúpense de aplicar las leyes, de establecer políticas compensatorias, de tener en cuenta las normas de accesibilidad, de facilitar la integración real de niños y de adultos y no teman tanto ofender mi sensibilidad con sus palabras.

jueves, 10 de enero de 2013

SER Y NO SER



Los elogios, cuando llegan a ti se desmoronan, descerrajan la niebla que los cubre y con la que juegas a engañarte y exponen a tus ojos lo que eres.
Aquello a lo que honrosamente renunciaste y que, sin embargo, continúas deseando.
Las puertas que no quisiste traspasar y que envidias lo que ocultan.
Lo que diste y echas de menos.
Lo que eres y no eres a la vez, santo y demonio, virgen y puta.
Lo que no quieres ser aunque lo quieras, lo que quieres ser aunque no lo quieras. La contradicción en la que se ha movido tu barca siempre a punto de zozobrar.
De lo que estás orgulloso aunque hubieras preferido pasar de ese cáliz.
Lo que te dices, lo que sientes y que se encuentra ahí, centinela del dolor y de la duda, de la pregunta impenitente.
La blanca túnica de la que solo tú ves las manchas.
El dolor del que no puedes pasar pero del que deseas alejarte.
Los pecados que cometiste y con los que sigues soñando.
El hombre que soy y el que no soy. El que soy desde el no ser y el que no soy a base de arrancarme las costras de mi ser.
Soy el que he querido ser dejando que mi no ser le arrastre la corriente, pero las aguas de este río no cesan de bañarme. 

martes, 18 de diciembre de 2012

TENGO ESCLEROSIS MÚLTIPLE. ¿Y QUÉ?

-->

Tengo esclerosis múltiple, ¿y qué? No soy menos ni soy más, no soy poco ni soy mucho, no soy el primero ni soy el último, soy el que soy, soy el que fui, soy uno más.

Es cierto, no puedo andar, pero nadie me podrá quitar el deseo de iniciar nuevos caminos y avanzar en ellos.

En mi cabeza el procesamiento se ha vuelto más lento, mi memoria más remisa, los equívocos más frecuentes, pero permanece en mí el placer de pensar y de pensarme a mí mismo, de reflexionar sobre lo que he sido y lo que soy, sobre aquello que puedo llegar a ser, incluso de soñar sobre ello. 
El más mínimo esfuerzo, pequeños movimientos, me suponen una fatiga demoledora, aún así ansío las largas conversaciones sinceras, a flor de piel, a calzón quitado; la música, la poesía y el teatro rearman mi desmoronado cuerpo, los gestos de afecto lo rejuvenecen.

He perdido la sensibilidad en el tacto, mis dedos difícilmente reconocen, pero mis manos siguen deseando tocar, acariciar, explorar nuevos territorios, traspasar nuevos preceptos.

Soy, de cintura para abajo, un torpe recuerdo de lo que fui, pero mi piel sigue deseando ser tocada, mi cuerpo sigue vivo, necesita ser complementado, mis fronteras quieren ser transgredidas.

Mi historia es, desde hace años, una historia de pérdidas, pero eso me permite acercarme, cada vez más, a los perdedores, de conquistar la humildad, de ganar en humanidad.

Soy dependiente, pero me doy cuenta, que, de alguna manera, siempre lo he sido, pero nada me impide, por ello, desarrollar la rebeldía, la capacidad para exigir, la libertad para la desobediencia. 

A veces requiero de los demás para las necesidades más primarias y allí, tocando fondo, descubro la grandeza de la persona, la seguridad que aporta el amor, la fuerza que transmite el cariño, la capacidad de sobrevivir con una sonrisa en arenas movedizas.

Desde hace tiempo, cada día, cada minuto, me acompaña el dolor, pero es posible transformarlo en un arma de empatía, en un puente sobre aguas turbulentas, en un prisma para mirar al mundo de otra manera, con menos altanería, con menos orgullo, a ras de suelo.

Tengo esclerosis múltiple, ¿y qué? Ha cambiado mi vida, pero en medio del oleaje yo sigo manejando el timón, no ha podido arrebatármelo. Soy sujeto y predicado, voz y silencio, rabia y ternura, lágrima y  risa, espectador y protagonista, la porción de una vida en común empeñada en hacer bien su papel, en dejar su testimonio. Sí, tengo esclerosis múltiple. ¿Y qué? ¿En qué soy diferente?

sábado, 1 de diciembre de 2012

TODAS LAS EDADES


Tengo acumuladas todas las edades,
el despertar balbuciente de la niñez,
la turbia búsqueda de la adolescencia,
el vigor de los años de oro,
la calma triste de la madurez,
la debilidad de la senectud.

Abandonada y perdida entre las sábanas, mi piel busca las huellas que el paso del tiempo dejó sobre ella. Epidermis dormida, aún así tengo sobre mí todas las pieles,
la perfumada de la infancia,
la piel en celo de la pubertad,
la hambrienta de caricias de la juventud,
la necesitada de vida de la prudencia,
la resquebrajada de la vejez.

Reincidente en el fracaso, olvidado en la fortuna, tengo en mi interior todas las derrotas,
el príncipe destronado de la infancia,
el amor maltrecho de la adolescencia,
la brusquedad sangrante del resquebrajamiento de las utopías de la mocedad,
la progresiva pérdida de los sueños de la larga estepa que le sigue,
el vértigo de la otredad de la senilidad.

La figura de cera de semblante serio y gesto prudente, esconde el jugador espontáneo de la niñez,
el atolondrado de la nubilidad,
el que arriesga de la juventud,
el calculador de la madurez,
el despreocupado de los últimos años.

El epicúreo zarandeado por la vida guarda, a pesar de ello, todos los inicios,
el que no puede esperar, que ha de ser satisfecho de inmediato para evitar la rabieta,
el que podemos postergar para un momento mejor
y el que no puede ser pospuesto porque el mañana ya no forma parte del tiempo.

Por todo ello puedo llegar a sentir miedo como un niño aterrorizado,
soy capaz de enamorarme como un adolescente,
de desear como un joven,
de razonar como un adulto
o de esperar tranquilamente como un anciano sentado a la puerta de su casa.

Ninguna edad se nos ha ido del todo, las guardamos a la espera de necesitarlas,
únicamente el miedo a vernos en lo que fuimos puede impedir que hagan su aparición;
la estúpida censura del pasado,
el pánico a ver nuestro interior.

Solo los sueños han ido perdiéndose en la bruma dejada por los años para quedar reducidos a unos pocos nombres,
que no el mío,
a unas cuantas ambiciones,
que no las mías,
y a un cuerpo,
el mío,
cada vez más débil y bamboleante,
cada vez más silencioso y frugal,
soñando la exuberancia de otro. 

Gustave Courbet. El origen del mundo


viernes, 30 de noviembre de 2012

DONDE PODER RESPIRAR



     Nos hemos convertido en máquinas de producir y consumir y ahora, cuando parece que no podemos hacer ni una cosa ni otra, ¿qué somos? Todo nuestro mundo ha entrado en crisis, también nosotros. Es la crisis de toda una concepción del mundo y de la vida, una concepción donde lo económico es lo primero y solo después se encuentra… lo económico, donde se idolatra la técnica y nos dejamos llevar con gozo e inconsciencia por el traicionero sabor dulzón de la masificación y la clonación, el redil donde protegernos del miedo. 
Necesitamos la apariencia de la realidad, no la realidad en sí, una sociedad virtual en la que disfrazar lo que hemos hecho de ella, lo que hemos hecho de nosotros, donde afrontar, si acaso tangencialmente, la herida que nos pueda salpicar, el dolor que nos pueda conmover, la grieta que amenace con resquebrajarnos. Una sociedad virtual en la que nosotros mismos seamos seres virtuales, alejados del corazón de las cosas, hundidos en una indiferencia metafísica que nos hace olvidar el latido de la vida. Seres enajenados de la capacidad de crear, necesitados de cierto mesianismo al que seguir y de culpables a los que condenar, donde todo, hasta lo más íntimo parece haberse hecho objeto de consumo. Expropiados de la autoría necesitamos el mercado donde podamos comprar y donde podamos ser vendidos.
      Pero si algo es este momento es el de tomar conciencia de que se puede resistir al poder de la robotización. Es el momento de la resistencia, y es el momento de la autonomía para crear espacios donde desarrollar nuevos valores, recuperando los afectos, el gozo, el diálogo, la imaginación, la belleza, la fe en nuestro destino siguiendo la máxima de Gandhi, debes convertirte en el cambio que deseas ver en el mundo. No esperar a que todas las soluciones nos vengan de fuera, nos lluevan del cielo, sean siempre competencia de otros. Ser nosotros mismos el germen de ese cambio, no hay coartadas que valgan para justificar nuestra desidia ni escudos para esconder nuestras miserias. Ser capaces de generar espacios donde desarrollar la sensibilidad, de hacernos dueños de la expresión, de la palabra, de ser capaces de mirar el entorno de otra manera, a través del arte como forma de expresión que viene a unificar la forma y el fondo. ¿Y no debería ser eso la vida, la fusión entre lo que hacemos y lo que pensamos, entre lo que construimos y lo que deseamos, entre la ética y la estética? ¿Y no es eso la belleza? ¿Y no es eso el arte? El arte reflejado en cada acto de nuestra vida. Espacios donde incorporar medios expresivos que puedan ir más allá de lo inmediato, que exploren las preguntas sin respuesta que arrastramos y que hagan vibrar las cuerdas que engrandezcan nuestra humanidad: la música como eco interior del dónde venimos y el hacia dónde vamos, la poesía como código lingüístico que nos libera de los grilletes que nos mantienen aferrados a la ficción colectiva, el símbolo como expresión de la otra cara de nuestra luna.
      Ser capaces de generar espacios donde pensar, espacios para la crítica y la autocrítica, espacios  para ir más allá del pensamiento formal y políticamente correcto que todos nos autoimponemos como condición para formar parte de nuestros respectivos pesebres. Pensamiento que nos interpele, pensamiento que nos duela, que nos haga abrir los ojos, que nos enfrente cara a cara con el otro y que nos lleve a conocerlo, pensamiento que nos enfrente con nosotros mismos y con la sordidez en la que estamos instalados, con el rostro que queremos disfrazar o que nos negamos a ver. Pensar y sentir como forma de resistencia. Ser capaces de gestar espacios, por minúsculos que sean, espacios donde crear y recrearnos desde el lugar más pequeño de nosotros mismos, capaces de engendrar nuevas realidades, cada día, cada segundo, espacios minúsculos donde poder respirar.

miércoles, 17 de octubre de 2012

TODOS CONTRA LOS CHINOS


La noticia de estos últimos días acerca de la mafia china y el blanqueo de capitales parece haber disparado una obsesión contra todo lo chino, todo esto me ha provocado algunas reflexiones:
  • De unos años acá recuerdo haber tenido conocimiento de tramas semejantes de blanqueo de capitales que han tenido lugar en diferentes zonas de nuestro país y llevadas a cabo por compatriotas que incluso podían hacer gala de muy españoles. ¿Quiere esto decir que si la trama se desarrolló en Andalucía debemos sospechar de todos los andaluces, si fue en el País Valenciano debemos hacerlo de todos sus residentes, si en Galicia de todos los gallegos, si en Madrid de todos los madrileños?
  • La fuga de capitales, desgraciadamente, ha sido una práctica habitual en nuestro país, basta leer algunos artículos, este que incluyo muy extendido por todo Internet (La banca, el fraude fiscal y el New York Times)  y noticias (La fuga de capitales en España: el último que cierre), esta noticia referida solo a la fuga de capitales que medianamente se controla. Los sujetos protagonistas de esta huida de dinero tienen nombres y apellidos, la mayoría de ellos, al menos la parte fundamental, ligados a la banca y a empresas españolas de renombre internacional. ¿Quiere esto decir que no han de utilizarse bancos de cuya práctica haya esa sospecha ni comprar en empresas, bajo diferentes marcas, que se encuentren en la misma situación por muy españolas que sean? ¿Es más llevadero si el que me roba es español?
  • Las opiniones que se vierten acerca de que los chinos nos están robando el dinero a los españoles me suenan igual que esas otras que dicen que “los españoles” les estamos robando el dinero a los “catalanes”. Se trata del mismo proceso de pensamiento en la misma estructura mental. El pensamiento es el mismo, su formulación solo depende de donde haya nacido uno.

lunes, 8 de octubre de 2012

NO ME REPRESENTAN

-->

Detesto el populismo que se va extendiendo, a menudo sin ser conscientes de ello, cada vez más entre nosotros, el de la clase política, el de todos los políticos son malos, el de solo piensan en robar, el del carro al que se suben archipopulistas archimillonarias como la señora Cospedal, lo detesto. Siempre serán necesarios los políticos, no cualquier político, no, pero sí los buenos políticos. Será necesario un control riguroso sobre el ejercicio de la política pero no se podrá prescindir de personas que se dediquen a ese ejercicio y ese control, tengámoslo claro, de una manera u otra, está en nuestras manos. La democracia directa se podrá intentar extender lo máximo posible pero siempre tendrá sus límites por lo que nunca podremos renunciar ya a la representativa. Lo asumo, siempre tendrán que existir representantes, también los míos, pero he de decir que cada día me siento más huérfano de los mismos, en la orfandad política. No niego que los que hoy se sientan en los bancos de los parlamentos lo son oficialmente, asumo que voluntariamente decidí participar en el juego y ahora, que las bazas me vinieron malas, no puedo retirarme sin más (cabría preguntarse quién puede escapar realmente al juego). Reconozco que no soy persona fácil, que nunca me sentí satisfecho con nadie y, seguramente, nunca lo estaré, que no aspiro a encontrar a alguien con el que poder identificarme plenamente, a un clon de mí mismo que ocupe un cargo político, ni esa persona existe ni existirá, ni sistema político alguno lo permitiría, pero cada día me siento más en la orfandad política, cada día puedo afirmar más categóricamente que estos políticos no me representan. No pretendo realizar una generalización absoluta, ni esconder mi mayor cercanía (a veces más afectiva que otra cosa) a unos que a otros, pero, aun así no puedo dejar de sentir esa aseveración: no me representan.

Los que solo dicen y piensan el argumentario que se les pasa desde los despachos de su partido, los que resultan tan previsibles en el fondo y en la forma, los disciplinados voceros de su amo, no me representan.
Los que, parafraseando a Groucho Marx, con tal de mantenerse en el puesto, pueden decir sin complejos, “estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros”, no me representan.
Los obedientes servidores del poder financiero que hacen pasar, sin un ápice de crítica, por inevitables las medidas que este exige, por las únicas posibles, por “lo que hay que hacer”; los que venden pereza mental como sentido común, servilismo  como patriotismo, no me representan.
Los que, desde sus escaños y en los medios de comunicación, patean, vociferan, aplauden mecánicamente sin saber a qué, abuchean mecánicamente sin saber a qué, insultan descaradamente y lo hacen pasar por ingenio, rebuznan y creen que hablan, cocean y creen que caminan, no me representan.
Los que se aferran de por vida a un escaño, a un cargo, a un sillón, a un despacho; hacen de vasallos fieles cuando el cambio de viento puede hacerlos mover, manipulan el poder cuando lo tienen en sus manos para no moverse de él; los que ponen sus intereses al frente de cualquier cambio, los que nunca dimiten, los que nunca dicen basta, los que sienten pánico ante la posibilidad de volver a ser uno más, no me representan.
Los que simplifican la realidad incapaces de ver su complejidad, los que la reducen a una pelea de buenos y malos, de blanco o negro, los que en su discurso solo buscan titulares y la pedagogía política la reducen a propaganda, no me representan.
Los que nunca dirán “me he equivocado”, los que nunca pedirán perdón, los que siempre creerán encontrarse en la posesión de la verdad por el simple hecho de estar donde están, los que nunca reconocerán parte alguna de verdad al otro por el mero hecho de ser el adversario, los que nunca llegarán a darse cuenta de que esto lleva a la estupidez y no a la inteligencia, no me representan.
Los que impiden que avance la realidad cargados de dogmas intocables, los que, por ello, nunca se cuestionan el presente, los que carecen de un mínimo ejercicio de autocrítica, los que son incapaces de imaginar una realidad distinta a la actual, los que, sencillamente, tienen miedo al cambio no vayan a perder su lugar en él, no me representan.
Los del “cuanto peor mejor”, los del “dejad que se hunda que ya la levantaremos nosotros”, los que anteponen el interés partidista, corporativo y personal al de la sociedad, los que no ven personas sino votos, no descubren problemas sino cuentas de resultados, los que hacen cálculos de beneficios con el sufrimiento ajeno, no me representan.
Los que hoy dicen digo y mañana diego y pasadomañana vuelven a decir digo otra vez, los que hoy hacen y dicen lo que ayer criticaron y mañana criticarán, si es necesario, lo que hoy hacen y dicen, no me representan.

Sé que todo lo anterior no es únicamente aplicable a políticos, sé que esas actitudes y comportamientos se encuentran de igual manera en otras muchas organizaciones sociales; la cerrazón intelectual, la estrechez de miras y el interés personal ante todo los podemos encontrar desde en la más grande hasta en la más pequeña, desde la que tiene una importante cuota de poder en la sociedad hasta la que no tiene ninguna, en los que enarbolan una bandera y en los que enarbolan la contraria, en todas ellas podemos reconocer el narcisismo, la rigidez y el egoísmo citados, la miseria intelectual y moral, la violencia gratuita. Es por ello por lo que la sensación de orfandad  es mayor, pero soy consciente que no me puedo constituir en república independiente, que no puedo hacer el camino solo, que en él habré de encontrar otros huérfanos como yo y sé que encontraré compañeros de viaje a mi gusto y otros que me generarán incomodidad, pero, aún así, habré de hacer el viaje con el ánimo siempre alerta para detectar todas esas tentaciones, todos aquellos que hayan caído en ellas y no me representan y aquellas en las que pueda haber caído yo de tal manera que ni yo mismo me represente.