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miércoles, 14 de diciembre de 2022

AFORISMOS (2)





1. Si al mirarte en un espejo no te reconoces búscate primero en tu interior.


2. Si parece que estás en guerra con tu cuerpo y éste te ha vencido la derrota no importa, negociar la paz es lo importante.


3. Cuando no puedes mover parte alguna de tu cuerpo quizás estés equivocado y nada te impida mover tu pensamiento.

4. Para tu placer físico antepón el de la otra persona.


 5. Si consideras que el infierno son los otros puede que la verdadera realidad sea que el infierno seas tú mismo.


6.Si el infierno son los otros también son el cielo.


7. Si te obsesiona no haber sido el primero puede que no lo merecieras.


8. El orgullo no te viste, te desnuda, no te hace vencer, es el arma inútil de los perdedores.


9. El que carece del sentimiento de culpa siempre se creerá inocente.


10. Si tienes algo que has de dar y sólo tienes uno procura dárselo a quien realmente se lo merezca. La vida no tiene marcha atrás.


11. Si no sabes qué te aguarda de algo en el futuro procura hacerlo hoy.

 

12. Somos portadores del agua, somos un sesenta por ciento agua. También nosotros formamos parte del ciclo hidrológico.


13. El agua que forma parte de nosotros hoy, ayer formó parte de otros y mañana en otros diferentes. Estamos hermanados por el agua.


14. No desperdicies tu tiempo. Lo que no hayas hecho en el pasado difícilmente podrás compensarlo hoy.


15. La comedia de la vida parece escrita por un dramaturgo.


16. El drama de la vida parece escrito, a veces, por un comediógrafo.


17. A menudo sólo es cuestión de tiempo interpretar la vida, al contrario de lo que parecía, con una risa o un llanto.


18. La vida normal es lo menos normal que existe.


19. En ocasiones, en la vida, si lo haces, sufres y si no lo haces también. Sólo te queda sufrir con ternura.


20. No podrás levantar al otro si antes no te levantas tú.


21. Perdóname si te pido que me dejes ir. No te lo pediría si, de verdad, no creyera que quien queda libre eres tú.


22. Cuando se declara una guerra no hay una sola, hay millones, tantas como habitantes.


23. En el después crecemos, envejecemos y la vida va camino de terminarse. A menudo nos lamentamos de no haber hecho algo antes. El problema es que en el antes no sabemos y cuando sabemos ya estamos en el después.

24. La vida no es respirar sin más. No convirtáis la respiración en carcelera del cuerpo.


25. La primera impresión no suele ser acertada. La última tampoco.


26.  La única prohibición para el pensamiento es la de no ser libres.


27.
Prohibido llenarse de certezas y no dejar espacio para la duda y la interrogación. La certeza se convierte en dogma y el dogma en grilletes.

 

28. Prohibido ansiar un espacio en el rebaño y dedicar la vida a no quedarse nunca atrás. Terminaremos creyendo que el único olor en la vida es el de el estiércol.

 

29.  Prohibida la angustia de sentirse solo. La soledad puede ser la ocasión para encontrarnos a nosotros mismos.

 

30. Prohibido añorar los laureles y rechazar los dolores. Los primeros, si son artificiosos, nos reducen, los segundos nos pueden hacer crecer.

31. Prohibido el recelo a ser señalado y el deseo de permanecer oculto en la masa. Olvidaremos aquello que nos distingue.

32. Prohibido hipotecar tu vida tanto que todo tu mañana sea siempre un pasado.

 

33. Prohibido decir sí a todo. De tanto bajar la cabeza la cerviz quedará agachada.

 


 

viernes, 16 de junio de 2017

AFORISMOS (I)



1.          La pureza del nosotros es debida a la impureza del mestizaje.

2.       Toda nación tiene su principio y su final. El mérito de los gobernantes es que a ese final se llegue sin sangre.

3.         El todo exige la soberanía para decidir sobre la parte y la parte reivindica la soberanía para decidir por sí sola. Pero cuando la parte se transforma en todo exige la soberanía sobre sus subpartes negando a estas la posibilidad de decidir por sí solas.

4.         Toda nación crece gracias al rechazo al otro.

5.         La nación a la que pertenecemos puede cambiar de nombre, pero es posible que el poder no cambie de manos aunque cambien sus apellidos.

6.         La patria por la qué sientes tanto seguramente la odiarías si fuese tu nación vecina.

7.         Es nuestro pecado idealizar a aquellos que veneramos sin llegar a asumir que todo rey está desnudo.

8.         La pureza de la que presumimos también pueden envenenarse, pero el sabor del veneno es tan dulce que no llegamos a percibirlo como tal.

9.         Una persona crítica siempre es incómoda en un aparato.

10.   Si mi pensamiento es crítico, mis seguidores, si los hay, no pueden estar de acuerdo en todos y cada uno de los puntos, si es así no son seguidores míos.

11.   Aquel dispuesto siempre a cambiar su discurso sólo tiene un interés: permanecer en el poder.

12.   Nuestros cambios de opiniones en la vida sólo ponen de manifiesto una cosa: siempre estamos en el error.

13.   Aquel que ha cambiado de opinión en distintas ocasiones de su vida y siempre cree poseer la verdad absoluta lo único que demuestra es su engreimiento y gran ignorancia.

14.   Pienso, luego estoy equivocado.

15.   Mi mirada que parece juzgar no viene tanto del ánimo censor por mi sabiduría, como de la observación por mi ignorancia.

16.   ¿Quién soy yo para sacar a alguien de lo que yo considero error, si ese alguien es feliz y bondadoso con ello?  Si mi intervención hace que se desmorone y únicamente le genera infelicidad, tengo la respuesta: no soy nadie.

17.   Para mis células yo soy su dios, pero solo soy una hipótesis imposible de demostrar.

18.   Yo puedo ser un dios para mis células, pero las desconozco, no soy omnisciente, ni puedo hacer con ellas lo que quiera, no soy omnipotente.

19.   Yo me encuentro en manos de mis criaturas, mis células, pero ellas no están dependiendo de mi.

20.   La espiritualidad rodea la acción, va por delante de ella, se encuentra por debajo y por encima de todo paso y empuja a actuar en la vida.  

21.   El ser espiritual no levita flotando por encima de la realidad sin mancharse con ella sino que siente la necesidad de intervenir en la misma.

22.   Siempre tenemos la obligación moral de preguntarnos por las consecuencias de nuestras acciones. No podemos renunciar al pensamiento crítico e intentar quedarnos al margen como simples espectadores.

23.   No tener futuro no tiene por qué suponer no tener presente, al contrario, se puede vivir en un presente perpetuo.

24.   Cuando uno depende de otra persona para sobrevivir, esta persona también depende de él. Dos santos atrapados en un infierno.

25.   Buena parte de aquello que hoy amamos y nos sentimos orgullosos, no hubiera sido posible sin los dolores y tinieblas del pasado.

26.   Cambia un minuto traumático que aconteció en tu vida y puede que hayas perdido hoy aquello que más quieres.

27.   El enamoramiento exige cierta tensión diaria, el esfuerzo de mostrar aquellas caras que creemos enamoran y ocultar aquellas que pensamos pueden desenamorar.

28.   Esta actuación es imposible convertirla en un hábito. No puede construirse una relación duradera sobre la misma.

29.   El amor sólo es posible construirlo sobre nuestro ser completo, aquel que muestra nuestras bondades pero también nuestros defectos.

30.   La persona que entra en su hogar entra para el reposo, no para mantener el artificio.


viernes, 21 de octubre de 2016

¿POR QUÉ YO?




Varia es la suerte, voluble y ligera; al que viste por la mañana, desnuda por la noche.
A. ZANO
Somos una caótica mezcla de azares desde el mismo inicio de nuestra existencia. Ese espermatozoide que, en una loca carrera entre millones llena de obstáculos y trampas, consiguió fecundar al óvulo. Ese espermatozoide y ese óvulo también son mezcla del azar, una pequeña renuencia de la hembra que pospusiera el coito, una llamada de teléfono, una ligera complicación en el macho. Toda esa concatenación de azares que desembocó en ese instante y de esa manera es lo que hicieron posible el encuentro de ese óvulo y de ese espermatozoide. Cualquier mínimo cambio en ese eslabonamiento habría cambiado esos protagonistas y yo no sería yo y tú no serías tú.
Toda nuestra vida es una amalgama de azares, a menudo oscuros, en otras ocasiones, las menos, luminosos; dolorosos y placenteros, esperanzados y descorazonadores. Una masa de eventualidades sobre la que nos vamos moldeando nosotros y nuestro entorno. Casualidades generando constantemente su efecto mariposa que nos lleva a un suceder errático escondido tras una apariencia de lógica. Contingencias que se convierten en causalidades: elegir aquella vivienda, obtener aquella nota en selectividad, coincidir en aquel grupo, escoger aquella calle, aquel hotel, aquella noche, aquella cena, aquel trabajo, aquella silla.
¿Por qué a mí? Es una de las primeras preguntas que te surge. ¿Por qué esta mala suerte? ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Se trata de una pregunta sin respuesta, o se trata de una pregunta que bien pudiera ir acompañada de otra alternativa: ¿Por qué no yo? ¿Por qué no me podría tocar a mí? ¿Qué he hecho yo para librarme?
Dentro de esa amalgama de posibles respuestas, ninguna de ellas del todo satisfactoria, la más evidente, al menos en mi caso, parece ser la genética, dentro de mi bombo había más bolas con las siglas EM. Mi probabilidad era mayor. La segunda es el azar. No se trata del destino, se trata de esas contingencias que pudieron haber sido otras que habrían generado otra realidad, distinta, sencillamente distinta, quien sabe si mejor, quien sabe si peor. Distinta. Sabemos cual es nuestro presente, desconocemos cual podría haber sido; únicamente deseamos una posibilidad, una ficción. Es el primer paso: aceptar la realidad, esta es con la que tengo que bailar y no con otra, desde la que tengo que partir, en la que soy. Aceptar la realidad no es una resignación pasiva. Aceptar las adversidades no es renunciar a superarlas, tampoco obsesionarse con su superación porque no siempre son superables. Convivir en paz con el “por qué no iba a ser yo” supone no enemistarse con la vida, no sentirse eternamente enojado con ella. Esta actitud de enojo, de enfado permanente, de la fácil disposición a la cólera, es la actitud de irritación con los demás, de rabia, de venganza, de hacerles pagar a ellos nuestra furia con la vida, y al mismo tiempo de progresivo distanciamiento de ellos y de la misma realidad.
Aceptar las adversidades no es renunciar a lo que esté a nuestro alcance para mejorar nuestra situación física o para ralentizar el deterioro. Se trata de aceptar el presente y con él a uno mismo. Lo que pudo ser no existe salvo en mi imaginación. Aceptar el presente supone hacer las paces con el pasado. Son inútiles los lamentos sobre lo que pudo ser y no fue; son inútiles y dolorosos. Lamer continuamente la herida no hace sino mantenerla abierta. No es posible vivir en el pasado, intentarlo es vivir en el desequilibrio, entregarse al vértigo que nos da vivir cada instante. La realidad gira a nuestro alrededor y nos sobrepasa su movimiento. Somos marionetas en manos de nadie víctimas de la fatalidad. Rencorosos con ese destino no llegamos a atisbar que somos nosotros los que nos hemos convertido en nadies.
La principal cualidad de ese estado es el victimismo. El mundo es culpable de lo que a mí me pasa, mis congéneres son culpables de lo que a mí me pasa y por ello tengo derecho a reprocharles mi situación. Son culpables de salud, culpables de felicidad, culpables de vivir. La inteligencia para mí entonces supone hacer ostentación permanente de desconfianza hacia los otros, es envidiar la suerte que ellos corren, buscar culpables en los que descargar la responsabilidad de mi estado. Se trata de un trastorno mental disfrazado de lucidez, se trata de egocentrismo puro y duro.
Ese mundo de vértigo solo gira en torno a mí, yo soy el centro, exijo ser el centro. Mis derechos son prioritarios, mis necesidades son prioritarias, mis deseos son prioritarios (mi deseo es mi derecho), mi satisfacción ha de ser inmediata y el no serlo no hace sino corroborar ese “el mundo contra mí”. Yo mismo me convierto en una realidad insoportable más allá de la insoportabilidad de mi enfermedad, en algo detestable que genera asfixia y  rechazo a su alrededor.
Y, sin embargo, ¿por qué yo no?

martes, 18 de octubre de 2016

¿QUÉ HE HECHO YO?



 
“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis. Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos… porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis” (Mateo, 25: 35-45)

Hay sangre en el Mediterráneo cerca de las costas de Libia y Grecia. Hay sangre en el Mediterráneo cerca de nuestras costas. Hay hambre, miedo, llanto, soledad, muerte muy cerca de nosotros. Hay hambre, miedo, llanto, soledad, muerte a nuestro alcance, de la que tenemos conocimiento y no podemos fingir que no sabíamos nada por mucho que cambiemos de canal para que nuestro estómago no nos juegue una mala pasada. Lo sabemos, todo eso está ahí y aunque pretendamos poner distancia entre eso y nosotros, si nos fijamos bien, si queremos hacerlo, siempre podremos encontrar rastros de esa sangre en nuestras manos. En nuestra cristianizada Europa, ¿cómo diablos podemos interpretar un pasaje como el del comienzo de este escrito? ¿Quiénes son hoy ese hambriento y ese sediento? ¿Qué nacionalidad tienen esos forasteros? ¿Cuál es su color de piel? ¿Cuál su religión? ¿Dónde mueren? ¿Cuál es nuestra actitud? ¿En cuál de los dos grupos estaremos? Creyentes, ¿nos estamos haciendo cargo de Dios o queremos dejarlo abandonado a su suerte? No creyentes, ¿cuál es nuestra tarea? ¿Nos basta con refutar la literalidad de un texto escrito hace dos milenios? No hay discurso que valga, no hay palabras que nos pueden justificar, no hay distancia que nos pueda disculpar toda una vida. Estamos inmersos en la sociedad del simulacro, en la que basta con colgarse el uniforme adecuado para dormir tranquilo. Cualquier prédica es válida si es compatible con mi razón de consumidor. Esa es nuestra coartada. Nuestra verborrea nos justifica y tranquiliza, aceptamos nuestro papel en este juego, siempre sin mostrar lo más profundo de nosotros, lo más superficial en realidad pues es la evidencia común, aquello que nos une. No es necesario panóptico alguno pues en realidad nos vigilamos los unos a los otros. Nunca quedaremos desnudos, perderá aquel que intente lograrlo, será excluido de la hermandad, aquella que une al círculo de vigilancia basado en la confianza mutua, aceptar las mentiras de todos sin desvelar el objetivo común: mantener nuestro derecho de consumo. Para ello es necesario expulsar a todo aquel que lo amenace, escenificaremos la farsa mientras permanezca lejos esa amenaza. El consumo es nuestra razón de ser, también, paradójicamente, de aquellos que no tienen acceso económico a él, el chivo expiatorio siempre será el otro, el extraño que interrumpe nuestros sueño. El escapulario nos salva y el carnet nos acredita como ciudadanos de bien, aquellos responsabilizados en mantener ese entramado. El hambriento será sujeto de nuestras oraciones y el preso el motivo de nuestro mitin, pero uno continuará necesitado del alimento y el otro encarcelado entre rejas. La ciudadanía sólo será soportada en torno a ese interés común, formada por una aglomeración de individuos en la que en realidad no existe el ciudadano interesado como tal en la mejora de la sociedad y en el socorro real del otro, no en su vigilancia.
Y en esa teatralización: ¿Qué he hecho yo? Esa es la pregunta a la que deberíamos responder antes de que sea demasiado tarde. ¿He dinamitado el drama o he mantenido la comedia mientras aguantaba las carcajadas? La vida pasa y el después rápidamente se convierte en un ahora sin que nos quede margen para actuación alguna. ¿Qué he hecho yo? Palabras, palabras, palabras, la canción de cuna con la que intentamos adormecernos y permanecer gloriosos en el sueño. Hasta la solidaridad se ha convertido en un mero clic. Mantengamos la comodidad y nuestras opciones de consumo. A veces la vida va mucho más deprisa que nosotros, en un pis pas te encuentras transformado en el anciano que te aguardaba en la lejanía y entonces, cuándo tienes poco margen de maniobra, te asalta esa pregunta: ¿Qué he hecho yo? Una pregunta en pasado que siempre encierra un presente: ¿Qué estoy haciendo ahora? No basta con el clic, no basta con sostener la pancarta, no basta con alzar la voz. ¿Cómo ha cambiado mi vida esa pregunta si es que lo ha hecho? ¿Cómo me ha cambiado a mí? ¿Qué he hecho en el encuentro con el otro, si es que éste ha existido? Cual ha sido mi gesto y cual mi pérdida, a qué he renunciado, si estoy entero pero vacío. Cómo he dado de comer al hambriento y he acogido al refugiado. Cuál ha sido mi grado de rebeldía y si esta ha terminado por convertirse o no en una amenaza para mi vida, qué me he cuestionado de mí mismo. No dejéis que el tiempo transcurra para poder miraros al espejo con satisfacción. Hace unos días vi un programa sobre la amenaza de piel negra que se cierne sobre nosotros, sobre ese trigo sucio y sarraceno del que nos avisó ese cardenal achaparrado enfundado en su larga capa púrpuraescarlata. La amenaza de la que hay que parapetarse. Y sin embargo s hay personas allí dispuestas a ayudar y perder. Quizás estas me reconcilien con el género humano, pero la pregunta permanece: ¿Qué he hecho yo?






domingo, 16 de octubre de 2016

SER Y CRECER



¿Quién eres? ¿Quién soy? Raramente nos hacemos esta pregunta, quizás porque temamos su respuesta, quizás porque estemos demasiado seguros de ella, porque consideremos inútil hacerla, porque no sepamos donde encontrarla. A veces la vida te lo muestra y lo hace cuando ya es tarde y no siempre te gusta lo que enseña y prefieres continuar bañándote en el engaño. Pero lo quieras o no la pregunta continúa ahí:

¿Quién realmente eres?

El que quedaría si desapareciese de pronto todo lo que tienes. Esa imagen desnuda que se ofrece de ti cuando desaparece todo lo que te recubre y oculta, aquello que te engalana hasta distorsionar tu figura y mostrar de ti un simple simulacro.

El que se muestra si ignoramos los títulos y nombramientos que posees y los que presentas antes de ti mismo. Las dignidades ganadas en los despachos y pasillos y que borran tu pasado para convertirte en un satélite girando alrededor del poder sin espacio ni tiempo que lo identifique.

El que reflejan los otros, no la figura que aparece ante el espejo y que a menudo no deja de ser mero onanismo intencionadamente ciego. ¿Quién te rodea? ¿Cómo? ¿Qué grado de felicidad ves en ellos? ¿Cuánto de sinceridad? ¿Cuánto de adulación? ¿Cuánto de crítica? ¿Qué huellas dejas en ellos? ¿Qué huellas de ellos en ti? ¿Cuánto duran esas huellas? ¿Qué tiempo permanecen junto a ti? ¿Hay sonrisas? ¿Hay llanto? ¿Hay comunicación? ¿Hay silencio? ¿Hay crispación? ¿Hay desahogo?

El que se muestra ante la adversidad. ¿Cómo respondes ante las caídas? ¿Cómo sales del agujero? ¿Cómo reaccionas ante el dolor? ¿Cómo circulas contracorriente? Cuando el viento deja de ir a favor y los aplausos ya no se oyen, cuando tu cuerpo ha dejado de crecer y empieza a resquebrajarse, cuando dejó de ser tu amigo para volverse contra ti.

El que señala el grito del niño: “¡El rey está desnudo!”.

Crecer es hacerlo hacia dentro, en densidad humana, en densidad de la vida, aún de la no vivida.

Crecer es empequeñecerse, desprenderse del lastre con el que uno quiso escalar y que arrastra dando tumbos en su historia, su minúscula y fanfarrona historia.

Crecer es quedar reducido a la esencia para poder mirar a los ojos a los que no son nadie y lo son todo, aquellos que te llenan, de los que estás hecho, no mero vacío, hueco fantasmal.

Crecer es hacerlo en el silencio, sobran tantas palabras y faltan tantos gestos, tantos abrazos, tantos besos, tanta mano extendida.

Crecer es ir desmenuzándose en el camino, dándose hasta no quedar nada, desparecer, todo uno en ellos, ir sembrándose, rastros de ti en el crecimiento de otros.

Crecer es asumir que no eres nadie, la piltrafa que puede embellecerte y otorgarte cierta altura moral.

viernes, 30 de octubre de 2015

SÍSIFO contra SÍSIFO



El Sísifo de la mitología griega es conocido por su castigo, el de empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada, para que antes de que alcanzase la cima de la colina la piedra siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio, una y otra vez. Un mito que puede ilustrar a la perfección el absurdo de la vida humana como creía Albert Camus. Este podría así seguirlo intentando una y otra vez. Estoy convencido que habrá quien me diga que esa condena, en la realidad, sólo se encuentra impuesta a una parte, mayoritaria sí, de la humanidad mientras que una minoría sí es capaz de alcanzar la cima e instalarse en ella. Una mayoría condenada a la frustración y una minoría agasajada por la gloria, pero creo que es sólo la eterna división y lucha entre quienes aceptan una realidad y quienes la niegan emboscados en un endiosamiento que les hace negar que ellos sean Sísifo. Y lo son.

Podemos querer alcanzar un horizonte pero nunca podremos llegar e instalarnos en él, llegar a ese horizonte que anhelábamos es descubrir que ante nuestros ojos no hace sino abrirse uno nuevo y considerar que hemos llegado y que ya podemos detenernos, que ya alcanzamos nuestros máximos objetivos, no es sino silenciarnos una renuncia, la de seguir avanzando más y más y más. Recubrirnos de una pátina que creemos nos otorga grandeza y a la vez nos protege de la derrota, pero únicamente nos protege de nosotros mismos, de nuestra incapacidad para entender y asumir la realidad, para comprender que no sólo no hemos llegado sino que desde el mismo momento en el que nos detuvimos la roca comenzó a descender y con ella descendíamos nosotros alborozados por nuestro éxito sin advertir que, como el emperador, bajábamos ya desnudos.

Puede ser que ésta no sea la condena de una vida sino que sea la vida misma, asumir que somos lo que somos, parte minúscula de una existencia que nos sobrepasa y nos desborda, jugadores con bazas mayormente mediocres, sueño y pesadilla, actores muy secundarios de un teatro que no tiene fin, animales heterónomos con ansias y miedo de autonomía, que nos toque asumir que nunca alcanzaremos la cima y que la roca descenderá una y otra vez, pero que esa no es nuestra condena es nuestra vida, que los objetivos que nos marquemos únicamente serán perfectos en nuestra cabeza y que cuando alardeemos de su perfección fuera de ella nos habremos convertido en seres humanos temibles. Esta es la vida y pretender algo diferente es golpearse contra un muro. No tiene sentido la pesadumbre permanente como si alguien nos hubiera engatusado con una tierra prometida que luego nos ha decepcionado. No fuimos invitados a la vida, llegamos a ella sin más, pero sí somos invitados a vivirla. No se trata de festejar la existencia sin más porque empujar una y otra vez esa roca es duro, agota, y tenemos al menos el derecho de llegar a sentirnos cansados, de manifestarlo, de detenernos y sentarnos… para después recomenzar. Decía al principio que Albert Camus consideraba a Sísifo personificando el absurdo de la vida humana, pero Camus también concluye que «uno debe imaginar a Sísifo feliz», como si «la lucha de sí mismo hacia las alturas sea suficiente para llenar el corazón del hombre». Esa lucha y los compañeros y compañeras con los que junto a ellos la libramos.

viernes, 24 de octubre de 2014

RED DE AZARES


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La vida es una tupida red, compleja y a menudo sorprendente. Se trata de una partida que se está jugando hasta el final y es hasta ese final cuando no sabes si eres ganador o perdedor o incluso tablas. Difícilmente puedes decir aquí tuve suerte y aquí no pues todo se encuentra entremezclado y una cosa te lleva a la otra. No se trata solamente de los naipes que caen en tus manos sino también de cómo los juegas. Lo que hoy te hace venirte abajo pudiera ser que mañana, al volver la vista atrás, te hiciera sentir afortunado. Sin aquello no hubieras podido tener esto otro que hoy tienes, todo es un encadenamiento que has de vivir hasta el final. Has de vivir el momento pero también has de relativizarlo. Saborear a fondo la sonrisa que te produce pero que no ha de impedirte seguir caminando, un camino en el que con naturalidad, conforme avanzas, esa sonrisa se te irá borrando. Sentir el llanto que te genera pero que tampoco te ha de impedir caminar pues también ese llanto se te irá borrando. La oscuridad del túnel puede llevarte a la deslumbrante luz de la salida. La tormenta que te empapa puede ser la ocasión para sentir el cariño de las manos que te secan, la sequedad del desierto te hará disfrutar más a fondo del agua del oasis, la ocasión que perdiste puede haberse encarnado hoy en la mujer que te ama o en el hijo que te llevará más allá de tu vida. Sin esa pérdida no tendrías hoy este encuentro. El azar no es algo puntual, la vida es esa tupida red de azares a la que tú has de estar abierto para no desperdiciar ese dulce mañana que puede estarte aguardando.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Elogio de la imperfección


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 ¿Existe lo perfecto más allá de la imperfección? ¿La pureza más allá de la impureza? ¿El todo más allá de la parte? Lo completo siempre está por acabar, el todo no existe más allá de la  acumulación de sus partes, existen estas del mismo modo que existen otras, el todo siempre está por llenar, se trata de un concepto relativo que se vuelve arma agresiva en el momento en que se absolutiza, en el que se cierra para excluir de él al otro. La pureza absoluta es en sí misma impura, sucia a fuerza de intentar ser limpia, corrupta por llegar hasta el extremo de una integridad exageradamente intachable.
Qué es la putrefacción sino un sacrificio del cuerpo para generar nueva vida. La desaparición de nuestro ser es la condición para la aparición de unos nuevos. En la cadena de la vida es la degradación total el eslabón necesario para la continuación de esto. No somos el centro, somos una minúscula parte de un proyecto que siempre nos desbordará. 
Qué es el ser incompleto sino un ente en busca de otro, la base del cuerpo social. El ser pretendidamente autosuficiente muere en la esterilidad social. Hemos nacido para buscar nuestra complementación, esa necesidad es el fundamento de la sociedad. El hombre, animal político, responde a su propia naturaleza, no a una supraestructura de la misma. No enredarse en la red social es renegar a la esencia humana.
Qué es la duda sino una apertura a un conocimiento más profundo, una condición para la escucha. Nuestra percepción no es sino una parte de la realidad, ésta siempre nos desborda, su descripción no pasará de ser simbólica, un intento de aproximación. El acercamiento a la misma nos regalará respuestas que abrirán nuevas preguntas. Cuando dejemos de tener interrogantes el cerebro se nos detendrá, se empequeñecerá, se anquilosará. La certeza solo muestra una evidencia: hemos dejado de ser humanos.
Qué sino la debilidad nos acerca a los otros, nos hace miembros de una misma especie, aquello que nos hace sensibles a los otros, capaz de hacernos  captar lo trascendente del día a día, su belleza, su música, su  valor. La rigidez de la piedra nos hace impermeables. Solo es fortaleza la que se hace desde las heridas y reconoce sus puntos débiles, la que no genera corazas sino que desarrolla estrategia, la que no se convierte en roca inconmovible, insensible a su entorno, que no anula sus emociones sino que las controla, que no pone en juego su furia sino su inteligencia. Es el ser maleables lo que nos permite el cambio.
Qué es la enfermedad sino el reconocimiento de nuestro ser mortal. ¿Podemos imaginar algo más insano que una sociedad completamente sana, sin daño, sin lesión, sin defecto alguno? Es nuestro memento mori permanente, el siervo que ante las tentaciones de soberbia nos recuerda que moriremos, que somos humanos y no dioses, el acontecimiento que nos empuja hacia la humildad, aquello que nos descorre el velo que nos cubre los ojos y nos oculta la realidad, lo que nos descubre su fragilidad, nuestra fragilidad, su complejidad, sus contradicciones. Aquello que nos hace posible alcanzar un grado más de humanidad. 
La belleza, a menudo, se descubre en silencio. Lo que vamos construyendo siempre peca de ruido. Qué es la amalgama de palabras que pronunciamos sino ruido. Ruido lo que necesitamos para no quedarnos a solas con nosotros mismos, para evitar hundirnos en el fango en el que hemos construido nuestro hábitat, para no escuchar nuestro enorme silencio y aprender de lo que nos dice. Es en él, en el silencio, donde es posible establecer la comunicación de las miradas, de los abrazos, de las caricias, de los besos, aquello que surge del otro y resuena en mí acercándome a él o alejándome. Es aquello que nos permite mantener el ritmo de la vida.
Qué es el fracaso sino la antesala del acierto, caminamos hacia él de frustración en frustración. No aprendo a levantarme sino cayendo. Solo aprendo a mirarme al espejo reconociendo mis propias decepciones, recuperando del vidrio el yo que soy y no el que imagino, el que carga con mis máculas y no el impoluto que me gusta mostrar a los demás. Es el revés el que nos evita llegar a ser el hombre de éxito que termina muriendo de sobredosis de soledad, cuando el engaño con el que nos narcotizamos ha dejado de funcionar.
Lo perfecto no existe, el mundo perfecto da miedo, sucios de un exceso de higiene, clones, asustadizos con miedo a la más mínima heterodoxia. Nunca está todo dicho, siempre hay una palabra que agregar, nunca está todo sabido, siempre queda alguna cosa por conocer. Es el descubrimiento de los defectos lo que nos incita a la mejora , lo que nos acerca al horizonte, siempre inalcanzable, siempre lejano y nos mantiene en el presente, siempre imperfecto, siempre humano.

jueves, 22 de mayo de 2014

CARTA A RUBÉN


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Querido amigo Rubén, te escribo a ti como podría hacerlo a cualquiera de las otras personas que como tú sois jóvenes y os enfrentáis a una enfermedad tan puñetera y discapacitante como es la esclerosis múltiple, algunos recientemente diagnosticados y otros que ya lleváis conviviendo con ella bastantes años. Ayer manifestabas tu desazón por las malas expectativas que parecen abrírsete para el día de mañana, yo te respondí que te comprendía y revelaba la distancia existente entre tu situación y la mía, tú eres aún joven, yo ya soy un adulto (me resulta extraño llamarme así) que empieza a encarar una parte final de esa adultez; tú aún trabajas, yo ya me tuve que jubilar y aceptar por lo tanto esa situación; tú tienes una hija de muy corta edad, yo tengo hijos que ya han entrado en la juventud; tú manifestabas tu inquietante incertidumbre, yo intenté comenzar mi argumentación para calmarte con una paradójica, para ello, afirmación: he aceptado una cosa ya, yo no tengo futuro. Te decía que, sin embargo, esa convicción me genera tranquilidad. Habiendo renunciado a algunos sueños y aspiraciones de mi época joven he perdido también la inevitable ansiedad y estrés que ellos suponen. Te decía: no tengo futuro pero sí tengo por delante un presente continuo, un presente que de una u otra manera he de llenar. Esa pérdida de futuro no supone renunciar a hacer aquello que te llena y gratifica, al contrario, es una invitación a hacerlo ya, hoy y a continuar haciéndolo en el nuevo hoy que será mañana, no es renunciar a la posibilidad de construirte en lo que te gustaría ser años más tarde, significa ponerte a hacerlo ya, hoy, en este presente continuo que se abre. Puntualizo: no sé lo que podré o no hacer mañana, es posible que tenga que adaptarme y readaptarme las veces que sean, es posible que ese mañana me obligue a renunciar a algunas formas pero no al proyecto porque esos cambios me habrán hecho cambiar la perspectiva, dónde sitúo el foco. Estoy hablando del proyecto del tipo de persona que quiero ser, no del tener o del aparentar; estoy hablando del tipo de personas que quiero hacer a mi alrededor no de las que quiero adelantar o pisotear. Te aseguro que ese cambio de perspectiva te hace más feliz, es muy posible que la evolución de tu enfermedad no llegue hasta el extremo de obligarte a replantearte eso pero yo te invito a que lo hagas ya. Desperdiciamos la vida en estupideces sin aprender a vivir el momento y fijarnos en lo esencial. Malgastamos el tiempo y sólo cuando le vemos las orejas al lobo intentamos apresurarnos a desprendernos de los lastres que hemos ido acumulando con el paso de los años y no siempre es posible.

Eres joven, llevas años con esta enfermedad y te encuentras razonablemente bien, yo ya ves como estoy, con el cariño que me tengo por los años que he convivido conmigo, diría que hecho una piltrafilla. En el tratamiento de la esclerosis múltiple los últimos cinco años han sido mejores que los cinco anteriores y estos que los anteriores. La ciencia avanza y lo hace en progresión geométrica, no aritmética, los años venideros multiplicarán sus avances y yo no dudo que tú los vas a disfrutar, te van a llegar esos avances y lo van a hacer cuando todavía serás joven y cuando tu cuerpo todavía estará receptivo a ellos. Tu cuerpo aguantará, ten confianza en ello, te corresponde ahora que también lo haga tu mente. Te digo que tengas confianza, no te puedo decir que tengas la certeza de que todo será maravilloso. Esa certeza no existe para nadie, tenga esclerosis múltiple o no. Ten confianza en que llegarán, más pronto o más tarde, noticias buenas, aguárdalas con el Carpe diem como estandarte, ríete de los achaques y también de la esclerosis, es sano, aguarda sonriendo y jugando, revístete de humanidad, es lo único que vas a necesitar para enfrentarte a la vida, esta a veces muerde pero también besa. Deja que lo haga.

viernes, 9 de mayo de 2014

SER


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¿Quién eres? ¿Quién soy? Raramente nos hacemos esta pregunta, quizás porque temamos su respuesta, quizás porque estemos demasiado seguros de ella, porque consideremos inútil hacerla, porque no sepamos donde encontrarla. A veces la vida te lo muestra y lo hace cuando ya es tarde y no siempre te gusta lo que enseña y prefieres continuar bañándote en el engaño. Pero lo quieras o no la pregunta continúa ahí:

¿Quién realmente eres?

El que quedaría si desapareciese de pronto todo lo que tienes. Esa imagen desnuda que se ofrece de ti cuando desaparece todo lo que te recubre y oculta, aquello que te engalana hasta distorsionar tu figura y mostrar de ti un simple simulacro.

El que se muestra si ignoramos los títulos y nombramientos que posees y los que presentas antes de ti mismo. Las dignidades ganadas en los despachos y pasillos y que borran tu pasado para convertirte en un satélite girando alrededor del poder sin espacio ni tiempo que lo identifique.

El que reflejan los otros, no la figura que aparece ante el espejo y que a menudo no deja de ser mero onanismo intencionadamente ciego. ¿Quién te rodea? ¿Cómo? ¿Qué grado de felicidad ves en ellos? ¿Cuánto de sinceridad? ¿Cuánto de adulación? ¿Cuánto de crítica? ¿Qué huellas dejas en ellos? ¿Qué huellas de ellos en ti? ¿Cuánto duran esas huellas? ¿Qué tiempo permanecen junto a ti? ¿Hay sonrisas? ¿Hay llanto? ¿Hay comunicación? ¿Hay silencio? ¿Hay crispación? ¿Hay desahogo?

El que se muestra ante la adversidad. ¿Cómo respondes ante las caídas? ¿Cómo sales del agujero? ¿Cómo reaccionas ante el dolor? ¿Cómo circulas contracorriente? Cuando el viento deja de ir a favor y los aplausos ya no se oyen, cuando tu cuerpo ha dejado de crecer y empieza a resquebrajarse, cuando dejó de ser tu amigo para volverse contra ti.

El que señala el grito del niño: “¡El rey está desnudo!”.

viernes, 14 de marzo de 2014

EX OPERE OPERATO



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En el Concilio de Trento la Iglesia Católica establece la fórmula mediante la cual los sacramentos confieren la gracia independientemente del estado de la persona que los recibe o de los méritos del sacerdote que los administra. A través de ellos es Cristo quien actúa por medio de la Iglesia

A pesar de la definición que de magia hace la RAE, “arte, técnica o ciencia oculta con que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de espíritus o genios, fenómenos extraordinarios, contrarios a las leyes naturales”, la Iglesia insiste que esa actuación no se trata de ella (es obvio entonces que la Real Academia de la Lengua ya se encuentra desde hace años pervertida por una fuerte corriente laicista que pretende desautorizar dogmas entremezclando conceptos) sino que no puede ser de otra manera ya que fueron instituidos por Jesucristo para comunicar la gracia.

Eso sí, Cristo siempre actúa por medio de la Iglesia y siempre que los sacramentos se administren y reciban de una manera válida, es decir, de la manera en como la misma Iglesia exige. Esa gracia no puede ser impartida por otros ni de una manera que esos otros establezcan. Aunque pudiera parecer lo contrario, según ella, no nos encontramos con un Dios preso en manos de la Iglesia a la que él hubiera transferido su poder y ya no pudiera recuperarlo. Un Dios omnipotente que paradójicamente sólo puede a través de ella.

Puede producir cierta gracia este “esto funciona porque lo hago yo y punto”. La pregunta a plantearse es si esta validez de lo que se hace y dice y la consiguiente necesidad de defenderlo en todo momento a capa y espada queda limitada a la institución eclesiástica o se pone en práctica también por el resto de instituciones del espectro político y social. Es evidente que sí. No recuerdo a ninguna de ellas habiendo rectificado su error o habiendo pedido perdón por alguna de sus actuaciones. Parece que necesitamos la seguridad de encontrarnos en la verdad y nos encontramos en ella porque estamos en el lugar adecuado, y viceversa, necesitamos la seguridad de encontrarnos en el lugar adecuado y nos encontramos en él porque poseemos la verdad. Y ese estar en el lugar adecuado y poseer la verdad no tiene nada que ver con nuestro estilo de vida. Aunque ese estilo de vida sea altamente denostable ese seguirá siendo el lugar adecuado y su verdad seguirá siendo la verdad.

La cuestión es si esa seguridad facilita o dificulta el pensar. La seguridad vuelve acomodaticia la facultad de pensar, para ella es necesaria cierta desprotección. La certeza la convierte en inútil, para ella es necesario cierto nivel de duda. El poderoso defiende su estatus y lo hace ante todo lo que lo cuestione, la debilidad aviva la inteligencia para salir de ella. El establo estimula los balidos a coro aunque estos balidos tengan vocabulario de rebeldía.

Una segunda pregunta es si esto forma parte de las condiciones para la socialización o hay algo más en ello. Yo creo que hay algo más en ello. No se trata solo de la confianza de formar parte del rebaño adecuado sino también de la autoestima basada en que en nosotros no cabe el error. ¿Y qué perdemos por ello? ¿Por qué nos cuesta tanto pedir perdón y admitir que somos falibles? Esto puede ser relativamente comprensible en los años de la juventud en los que uno parece necesitar cargarse de ego para hacerse con un lugar en la vida, pero, ¿ha de ser así en la segunda mitad de esa vida? Pienso, como Salvador Paniker, que lo que procede en esta segunda parte es irse deshaciendo de ese ego, ser capaz de transcederlo y de vivir sin identificarse en exclusiva con él. Desde esta perspectiva lo que hago o digo no ha de ser certero por el mero hecho de que lo haga o diga yo. Me siento cansado de tanta seguridad. Paradójicamente me hace sentirme más inseguro vivir en un mundo así y rodeado de gente de esa manera. Más inseguro y hastiado, aburrido de esa reiteración. Creo que la sabiduría que podamos alcanzar se encuentra si estamos abiertos al disenso y al aprendizaje en la diferencia. No me valen las personas egocéntricas como tampoco aquellas que parecen desprenderse de ese ego para transferirlo a la institución en la que se encuentran, pretender ser nadie para hacerla todo a esa institución es ningunearse patéticamente. Menos aún me valen las personas que se empeñan en que la institución se identifique con su ego, ellos (sí, casi siempre varones) son la institución, ésta no es posible sin ellos. Aunque no sea admitido ellos se sienten el fin del medio, la institución. Ni siquiera uno mismo tiene sentido como fin, sí es el fin de uno llegar a sentirse medio, siempre útil, siempre capaz, pero siempre falible.

La eficacia de la acción de uno así como de cualquier institución será una eficacia ex opere operantis, o sea, en virtud de la actividad del sujeto que la realiza o la recibe, de acuerdo con la realidad y las circunstancias que la componen; no por el hecho mismo de realizarla uno objetivamente y de acuerdo con lo establecido (ex opere operato). Es en una realidad humana, no divina (lo será, por muy ateo que se diga, si el artificio de uno lo convierte en fin) en la que uno se encuentra realmente cómodo y capaz de intervenir en ella.


martes, 25 de febrero de 2014

LO PERSONAL ES POLÍTICO


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“Lo personal es político”, así decía un lema que popularizó el movimiento feminista de finales de los años sesenta del siglo pasado. Estas palabras pretendían poner de manifiesto por un lado una crítica al sistema político estructurado en torno al patriarcado dominante en la sociedad, y por otro resaltar el mundo de lo femenino y la mirada que este aporta a esa sociedad. No se trata sólo de que el varón ocupe los puestos principales de la pirámide política sino también que en base a ello primero se condenó a la mujer al ámbito doméstico y segundo se etiquetó como práctica política el mundo de lo público como antagónico al de lo privado y lo personal. Era una consigna para defender los grupos de autoconciencia de mujeres y que pretendía no sólo cuestionar la presencia o no de la mujer sino también los modos de hacer política.

Hay una cisura entre el mundo público y el privado, este segundo dedicado a la satisfacción de las tareas domésticas más banales, anónimas y meramente animales (el hogar, la mujer) y a las labores del oficio destinadas a alcanzar el sustento vital y, algo más allá, a desarrollar la avaricia. Frente a lo anterior está la esfera pública que se adorna con los colores inversos: libertad, excelencia heroica, distinción individual, elevada política, gloria pública, inmortalidad en el recuerdo (Javier Goma, Ejemplaridad pública) y ocupada preferentemente por el varón, de tal manera que la mujer que accede a ella ha de asumir, en buena manera, este planteamiento y distanciarse del ámbito privado. Esta fractura indica también dos formas de entender el concepto “política”, una, el más usual, el referido al mundo político, partidista, el de la llamada clase política; la otra referida a la construcción de la polis, de la comunidad formada por ciudadanos libres y la resolución de los problemas que plantea la convivencia colectiva. En esta segunda no hay clase política como tal, no hay planteamiento aristocrático sino democrático.

La primera, la predominante supone una externalización (traspaso a otras manos, utilizando un término económico) de la responsabilidad política, del cambio social. Hablamos sobre política (a lo sumo) pero no hacemos política. Estamos en una sociedad postmoderna, postideológica, en la que el discurso político no tiene nada que ver con el ámbito privado, personal. En discursos políticos opuestos se dan comportamientos similares en el ámbito laboral, familiar y social. ¿Qué papel se adopta ante la pobreza y la marginación, ante el sufrimiento ajeno, ante el machismo, ante el servicio público, ante los comportamientos cívicos, ante el tejido asociativo, ante el dinero? La respuesta real, la praxis, es similar. Podemos decir que es un planteamiento acomodaticio. Se exhibe como medalla el discurso político, la afiliación y la sintonía con una organización determinada, sin interrogarse por las exigencias personales que ese discurso debiera llevar. Lo político (partidista) no tiene que ver con lo personal. Hablar de política y no hacerlo de “lo personal” puede hacerse pasar por centrarse en lo importante pero pudiera ser que lo que se pretende realmente es eludir lo fundamental, aquello que nos conmueve y que nos puede desestabilizar.

¿La historia funciona así? Los cambios sociales fundamentales siempre se han dado primero en el terreno de lo social, cambios actitudinales, en las relaciones, en el pensamiento. Los cambios en las medidas políticas siempre se han producido con posterioridad a estas: la esclavitud no se erradica hasta que la sociedad no estuvo preparada para ello; del mismo modo que el papel de la mujer no fue dando pasos legales hasta que la sociedad no fue movida y removida por ellas, el sometimiento femenino no se sostenía ya ideológicamente; Los derechos de los homosexuales y la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo no hubiera sido posible en la sociedad extremadamente homófoba de hace décadas; de igual modo que las repúblicas, democracias y declaraciones de derechos no hubieran sido posibles sin el desmoronamiento de la institución monárquica, el crecimiento de otras clases sociales y el cambio de pensamiento y expectativas de estas clases; es el tema de la laicidad en sociedades que previamente se han ido alejando de la visión religiosa y de las instituciones de ese signo y es el advenimiento de la democracia en España, no es dádiva de nombres propios sino porque la sociedad de aquel tiempo no hubiera soportado plácidamente la continuación de una dictadura. Las decisiones políticas no se dan por anticipado a los cambios sociales, son los cambios sociales, a veces difícilmente perceptibles, los que fuerzan las decisiones políticas. Las fuerzas políticas mayoritarias no defienden los intereses de la minoría, los gobiernos nunca actuarán en contra de los intereses de la mayoría. Entendiendo interés como conveniencia que subjetivamente entiende esa mayoría, no como la que interpreta para ella una minoría.

Y viceversa, la actitud generalizada ante la emigración, ante la pobreza, la búsqueda de chivos expiatorios a los que culpabilizar de las penurias y las crisis, genera planteamientos populistas que asumen en mayor o menor grado las fuerzas políticas. Las mayores barbaridades no quedan reducidas a nombres propios sino que se extienden entre vecinos con los que se ha convivido, entre ciudadanos de un mismo país, entre seres humanos cuya única diferencia insalvable es el color de su piel, la pertenencia a otra etnia o a otro país.
 

Construimos la sociedad desde el compromiso personal, no solo desde las estructuras políticas. La política no es solo responsabilidad de una aristocracia, lo es de todos y en todos los ámbitos. Todo lo personal es político (como construcción de la polis). La sociedad se genera a partir de una red de socialización en la que el buen ejemplo genera testimonio, interroga, interpela, cuestiona y el malo justifica, acomoda, tiende a ser imitado. ¿Cómo se da el cambio en la forma de ver la vida? A partir de los cambios que de ello se van dando y se van contagiando. No es el discurso el que cambia, es la persona la que contagia. En esta sociedad desideologizada la palabra va perdiendo sentido y crédito, es el comportamiento el que no miente.

La manera en como yo desempeño mi labor profesional es política. Aquella en como me enfrento a los cambios legislativos es política. La forma en como actúo en la familia y los papeles que adopto (padre, esposo) es política. La manera en como gestiono mi economía también lo es. El tipo de lazos que establezco en mis redes sociales es política. La conversión o metanoia es política. Todo yo soy un agente político, de cambio social.

Si se me pregunta no sin cierta ironía si hemos de hacer examen de conciencia para ello yo responderé que sí. El examen de conciencia (utilizando ahora un término de origen religioso) forma parte del análisis político. En una sociedad desideologizada uno actúa ideológicamente sin ser consciente de la ideología bajo la cual actúa. Uno, en cualquier lugar, marca la diferencia, tiene la capacidad de intervenir de una manera propia que no tiene por qué ser idéntica a la de otro y tiene la responsabilidad y el derecho de ser consciente de las razones en base a las cuales actúa. ¿Cuál es la diferencia que hemos de marcar nosotros? Cuál está siendo nuestro actuar, nuestro aporte y cuál es el que queremos que sea. ¿Cuáles son las herramientas con las que podemos intervenir? Son las clásicas pero también las que hemos ido reduciendo al terreno estrictamente privado. ¿Es la ternura un arma política? ¿La misericordia, la caridad, la empatía, la solidaridad, la humildad, el respeto a la verdad, la autocrítica…? Sí, las grandes virtudes que hemos ido reduciendo a la mínima expresión o enterrándolas achacándoles una carga que las hacía contraproducentes en vez de limpiarlas del orín que podía haberse acumulado sobre ellas.

La política no es sólo un problema de gestión (tecnocracia), también tiene un componente educativo, una paideia, una pedagogía. La actitud de los políticos, para bien o para mal, deja más huella que sus palabras. Existe la responsabilidad de transmitir un mensaje ético-político. ¿Pero hay la intención de construir desde las fuerzas políticas un ethos y una moral públicas? ¿Creemos que es también responsabilidad de todos y cada uno de nosotros? La ética y la moral no es responsabilidad, patrimonio único de la iglesia. Rescatarla de este secuestro es necesario, es responsabilidad de las instituciones que pretenden transformar la sociedad. La sociedad se transforma, en primer lugar desde el cambio de mentalidad, sólo desde ahí la propia sociedad aceptará el cambio normativo y es en ese cambio en el que intervenimos todos, para corroborar el pensamiento dominante o para transformarlo, para subrayar la forma de vivir o para construir una nueva desde los aspectos más mínimos.