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lunes, 9 de agosto de 2021

CUIDADORES




Manolo, Youssef, Mariano, Juancho, Jesús y ahora Ibrahim, todos han ido siendo mis cuidadores, todos me han ido ayudando a superar una enfermedad que día a día me ha ido dejando físicamente vencido en un estado que en un principio pensé que no iba a llegar pero al que, desgraciadamente sí he llegado, con todos ellos no sólo he compartido mi vida sino que he tenido el honor de poder compartir parte de la suya, con todos he vivido momentos muy íntimos con los que he aprendido humildad, con todos he reído y me han hecho sentirme cómodo, con ellos ha entrado la diversidad en casa, la racial, la nacional, la religiosa, la social, la de orientación sexual, la de forma de ser y de pensar, con todos ellos he aprendido y me han ayudado a romper clichés y algún prejuicio, con todos espero haber mejorado como persona y haberles facilitado en algo un trabajo que no siempre es fácil, y todos ellos me han otorgado el inmenso honor de haber comenzado como trabajadores y haber terminado como amigos, su simple presencia en casa ha sido un regalo, únicamente puedo estarles agradecido, no sé el tiempo que me quedará pero sé que en ese tiempo siempre los tendré presentes.

 

domingo, 1 de agosto de 2021

Cuando papá vuelve

 



La vida es un círculo, cuando uno va llegando al final de la misma puede ser el momento de volver al principio, la vejez, a veces, es también el momento de la infancia. Tengo 62 años y mi cuerpo está inmóvil, tanto que para las cosas más nimias necesita otras piernas y otras manos. Los papeles en la familia se han revuelto, mis hijos hacen de padres, necesito ayuda incluso para mis necesidades; mi esposa hace de madre. ¿Dónde está mi amante? La esposa dejó de serlo, yo también abandoné ese papel, mi cuerpo huyó del mismo, qué sentido tiene que otro cuerpo vaya en su busca. La función corporal también establece la función mental. De qué te vale que seas Hércules si necesitas pañales. Así me pasa, que con frecuencia, mi cabeza, ante la presencia de mi esposa, se pregunta donde está mi padre. Por unos segundos, sin quererlo, vuelvo a ser hijo.

lunes, 12 de julio de 2021

Casi poemas (15)

 

La vida es naufragio

rodeado de nubes.

Pero no lo vi

hasta que no traspasé

la algodonosa realidad

y me vi perdido

y agarrado a una tabla.

 

 

Frágil como un cristal que estalla entre los dedos

así soy yo,

esa figura aparente de acero

que se rompe cada noche

sin que nadie lo presencie.

 

 

La vida es minúscula,

ni tan siquiera un milímetro,

casi un soplo.

Y quiero más.

Pero me veo,

una y otra vez

aventando la nada.

Fosforo encendido

a punto de ser apagado.

 

 

Tuve que recorrer miles de kilómetros en busca de la risa

para encontrarla al final bajo un mar de lágrimas.

 

 

 

 

Qué querías que hiciera en mis manos con tu ropa

después de dármela tú,

si lo que yo quería es ver tu cuerpo desnudo.

Para qué me sirve tanto sueño

si tus manos estarán siempre lejos de mí.

 

 

Es a ti a quien deseo,

pero dudo que basten mis lágrimas para conseguirte.

Llorar en un desierto solo sirve para acelerar la muerte.

 

 

Quiero tener mi cabeza entre tus piernas

cubierta por tu falda

y tus manos sobre ella.

Mi lengua horadando tu sexo

en busca de la salvación,

a las puertas del infierno.

 

 

Me niego a tener miedo a tu contacto,

quiero encontrarme atrapado en la telaraña de tus manos,

saborear intensamente el pecado de tu sexo,

introducirme de lleno en el contagio de tus besos,

dejarme llevar hasta perderme por tu aliento,

ráfaga de vida cargada de veneno.

beber en tus ojos toda tu amargura

hasta extraer con mi boca tu calentura,

tragar con ansiedad el veneno de tu saliva,

sentirme remojar con el sudor de tu axila,

poder entrelazar mi lengua con la tuya

y absorber cada poro de tu piel desnuda.

No quisiera jamás sentirte lejos,

soy consciente plenamente del riesgo,

caudal aliviado en el que bañarme,

pozo profundo de placer, si es necesario, en el que ahogarme.

 


 

 

Cuando la vida se hace ruido,

intenso y permanente ruido,

desagradable y obsceno ruido,

sólo es decente el silencio.

Cuando ya todo se siente dicho,

cuando toda palabra sobra,

toda es artificial y redundante,

sólo se ansía el silencio.

Cuando nada se comprende

y nada se quiere entender

sólo se desea vivir en la ignorancia.

Lo que importa de verdad es el silencio.

Silencio entre nubes,

muda garganta ronca

voceando su miedo.

 

 

 

 

Allí estoy,

sin que tú puedas verme,

en una esquina de tu dormitorio

Contemplando como te desnudas.

Gesto a gesto,

prenda a prenda.

Observando tus deliciosos movimientos

para quitarte tu ropa más intima

y vas dejando al descubierto

los secretos de tu cuerpo.

Y yo gozando de esas delicias

sin que tú puedas descubrirme

estando como estás

únicamente en mi cabeza.

 

 

 

 

Cuando a la noche cierro los ojos

las palabras se amontonan en mi mente

cambiando unas y otras de lugar,

buscando la posición adecuada

que venga a decir con precisión

lo que yo deseo.

Siempre, al despertar,

descubro

que una ráfaga de viento

se las ha llevado.


 

viernes, 25 de junio de 2021

EL ABUELO


 

Es llamativa la torpeza con la que los seres humanos nos enfrentamos a las situaciones comprometidas, situaciones en las que nos topamos de golpe con una persona, conocida o no, en un estado doloroso que le ha cambiado drásticamente la vida. En mi caso con algo tan llamativo como una silla de ruedas. Recuerdo, hace años, la primera vez que fui llamado abuelo; mi edad no era, ni de lejos, la adecuada para ser llamado así. Mi enfermedad me requería un acompañante que maniobrara mi silla, yo ya no podía mover ninguna de mis extremidades, pero por algún motivo aquello no solo pedía que fuera llamado el abuelo, sino que por alguna extraña asociación supusiera que el “abuelo” no sólo tuviera impedidos sus miembros sino también su cabeza. Cuando era necesaria alguna pregunta que se refiriera a mí, suponiendo, claro está, que yo no sería capaz de responder a la misma, esta se hacía a mi acompañante, ya fuera una pregunta sobre mi edad, por lo que me apetecía consumir o por mi estado de salud, ninguna pregunta sobre la teoría de la relatividad que exigiera un raciocinio limpio y extenso que por alguna razón pudiera justificar que yo no estuviera capacitado para responder a la misma; de la misma manera que me voceaban cuando se dirigían a mí. Son curiosas las etiquetas que se cuelgan a tu invalidez, etiquetas que podrían colgarse igual a Stephen Hawking o carecer también de sentido.