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jueves, 21 de marzo de 2013

LA MARCA ESPAÑA

 
Después de contemplar esa heroica actuación de los valientes guerreros españoles con los temibles prisioneros iraquíes no puedo sino sentir nauseas. Hace falta mucho valor para patear despiadadamente en grupo a unos indefensos prisioneros. ¿Qué gratificación encontraban en ello? ¿A qué necesidad respondía? ¿Al odio? ¿A la necesidad de los don nadie de sentirse con poder ante alguien? Ahora que se habla tanto de la marca España para vender fuera la imagen del país, ¿forma eso parte de la marca España?
Quiero creer que se trata de una actuación aislada pero no puedo evitar relacionarla, si no en las formas sí en las motivaciones últimas, con otras que son penosamente frecuentes. Se trata de abuso de poder, del aprovechamiento de la desigualdad de fuerzas en beneficio propio, sea beneficio económico o por una mera satisfacción personal, y el lógico perjuicio del prójimo. ¿Qué satisfacción pudieron encontrar en el maltrato esa sarta de espantajos? La simple sensación de poder, de dominio sobre el otro. Actitud que solo pone de manifiesto que se es un don nadie. ¿Con qué actuaciones las veo relacionadas? Con los cada vez más habituales casos de corrupción y corruptelas. El cohecho, el soborno, el fraude y el robo realizado sin pudor en lo que se encuentra al alcance de la mano. Es otro abuso de poder, otro aprovechamiento de la situación que se ocupa para beneficio y gratificación personal. ¿Se trata de comportamientos esporádicos? Lo dudo. Se trata de la muestra de podredumbre de una sociedad. No se trata sin más de la actuación de una serie de personas deshonestas sino del reflejo de lo que hemos sido, de lo que somos y deseamos ser. Es la marca España. En el fondo se envidia lo que se critica y es frecuente que se actúe de esa manera en lo que esté a nuestro alcance.
El abuso de poder parece que no es algo condenable en sí mismo, depende del pre-juicio (positivo o negativo) existente de la persona que lo ejerce puede llegar a ser condenable, tolerable o, incluso, justificable. El caso del exalcalde de Ponferrada, Ismael Álvarez lo pone de manifiesto. Condenado por acoso sexual se reincorporó a la vida política con su propia formación y fue reelegido llegando a obtener cinco concejales. Se trata, claramente, de un ejercicio de abuso de poder, aprovechar una posición privilegiada para beneficio propio. Ismael Álvarez no sólo fue votado sino que permaneció en Ponferrada como un vecino más mientras que Nevenka Fernández, la víctima, tuvo que abandonar la población. El acoso y abuso fue tolerado y premiado, su denuncia fue castigada.
Son síntomas de una sociedad enferma en la que parece darse una denuncia hipócrita del abuso de poder pero un ejercicio del mismo, a la menor ocasión, hasta llegar al repugnante comportamiento de esos soldados en Irak. ¿Se trata todo esto de una muestra de la forma de ser del español, un rasgo cultural de este país? ¿Estamos ante la verdadera Marca España? Quisiera estar equivocado, de no ser así no merecería la pena la defensa del continente (España, con supuestas naciones incluidas) ni del contenido (sus ciudadanos).


jueves, 7 de marzo de 2013

¿POR QUÉ NO?

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¿Qué lo impide? ¿Qué impide soñar, imaginar otras formas de la realidad? ¿Qué impide ponerse manos a la obra para construirlas?  Lo impide ser hombres y mujeres incapaces de imaginar esas otras formas, temerosos de los cambios, convencidos de que su presente es el final de la historia, la estación término a la que estábamos destinados. Lo impide ser incapaces de diseñar caminos de diálogo y encuentro, solo ocupados y preocupados por sujetar las riendas, solo capaces de imaginar catástrofes y abismos más allá del hoy permanente.

Vivimos tiempos de crisis. Toda crisis es momento de cambio y todo cambio oportunidad para la mejora. Es esta actitud, el diálogo, los deseos de identificar lo mejorable y las ganas de mejorarlo,  con la que hay que afrontar esos tiempos, la que debe predominar en ellos, no el temor.

¿Por qué no concebir otras formas? ¿Por qué no ser capaces de llegar a ellas? ¿Qué pecado cometo al pensarlas? ¿Qué pecado al proponerlas? ¿Qué desatino es ese de imaginar que he llegado a nacer en el cénit de la historia y que las formas de este momento están por encima de mis coetáneos y de mi mismo? ¿Qué invento es ese de la patria? ¿Qué invento el de la nación? ¿Qué invento el de la autonomía? Puros constructos sociales, meros artefactos que hemos ido creando y ante los que nos comportamos como si fueran de naturaleza esencial por encima del hombre mismo que los creó, ante los que nos supeditamos. Que sirven para unirnos tanto como para separarnos. Generamos los dioses a los que adorar, ante los que arrodillarnos, por los que renunciar al pensamiento. Convertimos a nuestras criaturas en nuestros señores, necesitamos renunciar a nuestra libertad de crear, nos asusta el riesgo al que nos asomamos al hacerlo.

Vivimos una época constituyente, aunque nos dé miedo aceptarlo, aunque nos resistamos a ello y prefiramos que el melón explote antes que abrirlo. Es momento de imaginar. ¿Por qué no hacerlo?

Yo imagino una república. Ya es momento para ello. La imagino no al modo de los viejos románticos envueltos en banderas tricolor. Me da igual su bandera. Otro trapo. Me dan igual sus colores. No invitaré a nadie a verter su sangre por ellos. La imagino como forma de Estado viable a la que con mesura y cabeza hay que ponerse a ello.

Puesto a soñar despierto imagino una República Ibérica en la que incorporo a Portugal. ¿Por qué no? ¿Qué me separa de ellos más que de otros?

Imagino una república en la que uno está libremente. En la que se anticipan soluciones al conflicto antes de que este surja. En la que no se idealizan entes superiores al ciudadano mismo y las puertas de entrada y salida ya se encuentran diseñadas. En la que no se tiene miedo a las palabras.

Me aburre el autonomismo, un pseudonacionalismo mucho más artificioso. Porque, ¿qué artificio es ese de Castilla-La Mancha? Puestos a imaginar imagino una Castilla que abarque desde el Cantábrico hasta Sierra Morena. ¿Qué hay menos que me una a un habitante de Asturias que a uno de Albacete? El invento ya tuvo su tiempo. ¿Por qué no ir a por otro?

Imagino a conciudadanos reunidos con la ilusión de recrear, sin tabúes, metiendo la tijera donde haya que meterla, y siendo capaces de inventar nuevos constructos, nuevas instituciones, nuevas formas organizativas en las que sea más fácil y real la participación. Con la inteligencia para darse cuenta cuando la imagen se encuentra quemada y la generosidad para dejar paso a otros. Capaces de hacer lo que desconocían que era imposible.

Pero todo esto no deja de ser imaginaciones mías. ¿A quien pueden interesar? Sueños adolescentes de quien nunca terminará de crecer. Pero la realidad solo cambia a base de imaginarla distinta. La historia no existe si es inmutable y el devenir histórico chirría si nos empeñamos en vestirlo con trajes diseñados para otra época. Los hijos crecen, los trajes no y a veces parece que tenemos más cariño al traje que al hijo. Idealizamos el primero y sacrificamos por ello al segundo. Los sueños son sueños, pero a veces se cumplen si nos empeñamos. ¿Por qué no?
 

jueves, 28 de febrero de 2013

RESISTENCIA

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Se trata de una época gris en la que todo parece desmoronarse a tu alrededor. No ya realidades añejas, vetustas, injustas; realidades a las que quizá, inevitablemente, te sientas apegado, sobre las que inflaste tu propia burbuja, esa que ahora te estalla; donde erigiste tu propio señor de las moscas para controlar las criaturas que amenazan con nacerte y romper tu imagen, pero, al fin y al cabo, realidades que realmente merece la pena perder. Es el hundimiento sombrío de miles de sueños, la victoria aplastante de la mediocridad llevándose por delante presentes y futuros hechos carne y vida. No es la amenaza vulgar de las estadísticas sino el dolor de los nombres que hay tras ellas, el resquebrajamiento de los rostros que tú conoces y sientes, la solidificación de sus lágrimas, lo que te deja sin voz, sin encontrar la palabra adecuada que quieres y debes decir; lo que te hace sentir impotente, inmensamente débil, sin saber como pelear, como golpear, como defenderte; convertido en un saco de arena recibiendo golpes. Y, sin embargo, sabes que debes responder, que no puedes permanecer quieto esperando que pase la tormenta, que no puedes contentarte con recoger los restos del naufragio, con lamentar el desastre e ir intentando recuperar los fragmentos que han quedado de ti, que han quedado de ellos, que han quedado de todos.

Sabes que debes reaccionar, que la parálisis no solo detendrá tus músculos sino que te inmovilizará por dentro, embotará tus sentidos y te hará imposible volver a ser sujeto activo, protagonista real de tu propia vida. Que anulará tus juicios y construirás tu propio engaño, disfrazando de victoria lo que no es sino un paso vergonzante al enemigo.

Sabes que debes resistir y no dejarte convertir en un guiñapo que mira la vida al bies, en el simple reflejo antónimo de un sin vivir. Resistir, construir en ti una alternativa que les desoriente, con la que no puedan jugar porque desconozcan su libro de instrucciones, que no pueda ser utilizada para hacer su otro yo fabricado de la misma miseria. No basta con responder, la resistencia es aprovechar la respuesta para renacer construido con otros mimbres.

Siente rabia, descarga la rabia, pero que la furia no maneje tu cuadriga, que la cólera no sea tu dueña y ahogue todo espacio para la serenidad. Que el resentimiento no se vaya instalando en ti para ir haciéndose dueño y señor de tus días.

Siente tristeza, abre tus costados a las heridas para que estas puedan sangrar, conmisérate hasta que tú seas el otro y no el burdo simulacro con el que hoy queremos convertir en gran teatro del mundo el espectáculo de títeres de cachiporra  que hoy nos domina; pero que la tristeza ocupe su justo lugar, que no se convierta para ti en un gran lago helado en el que la vida deje de fluir.

Sé un animal político, no dejes en manos de nadie la voz que es a ti debida, estate allí donde nadie te puede representar, sé por ti mismo pueblo con el pueblo, no te desentiendas nunca de su caminar, de su permanente migrar;   pero no dejes de ser también un animal poético, que la intimidad sea un gran jardín en el que todo florezca, que el símbolo sea un tesoro que no dejes de tallar, que tu lenguaje sea capaz de remover todas las esquinas del ser humano, que tu poética sea poiesis, un permanente hacer y crear que derive en la autopoiesis, un hacerte y crearte sin fin.

Indígnate, rebélate, levanta la voz, altera el gesto, manifiesta tu enojo, pero que la ternura, cuando llegue, nunca te encuentre cansado y torcido el semblante, que no te impida descubrir y celebrar la vida allá donde brote, maravillarte de lo que es imposible robar aún dentro de una cueva de ladrones.

Reconoce y haz tuyo el pensamiento colectivo, pero nunca dejes de pensar por ti mismo, nunca abandones el buril de la crítica, siempre punzante con ese mismo pensamiento, siempre afilado, siempre sutil contigo mismo. Nunca detengas la máquina de tu cerebro y nunca pares de generar energía emocional en tu viaje a Ítaca, pues habrás de sortear para arribar a ella, lotófagos y cíclopes, lestrigones y sirenas.

Que en todo instante, sean cuales sean los golpes que hayas recibido, la mirada de la vida te descubra en pie, erguido, dejando correr su savia por ti, que la dignidad sea tu frontispicio hasta el ultimo momento.


domingo, 24 de febrero de 2013

LA MATERIA DE LA QUE ESTÁN HECHOS LOS SUEÑOS

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Hay momentos en los que la vida se ve zarandeada por golpes terribles que irremediablemente la transforman y en los que, al menos en un principio, el miedo preside tus días. La transformación, en estos casos, supone pérdidas, certeras o probables, pero siempre está marcada por la incertidumbre. ¿Cómo será mi vida de ahora en adelante? ¿Cómo será la vida de los míos? ¿Qué será de mis sueños?

El sueño se proyecta hacia el futuro, quede lo que quede del futuro anterior, aunque solo aparenten ser los restos de un naufragio. Las perspectivas del futuro pueden cambiar, de hecho siempre van cambiando con el paso de los días y con ese cambio lo hacen también los sueños. Parecemos ir pasando de la edad inicial de los sueños a las edades finales de los recuerdos, lo hacemos con el paso de los años y también con la llegada de una realidad frustrante, la vida y el crecimiento supone el encuentro con la frustración, con los límites y con el dolor. En mi caso, ahora, con la esclerosis múltiple y las pérdidas que me acarrea, no es poco, en otros casos suponen otras perdidas igualmente o en mayor medida dolorosas, desgajadas violentamente de nuestra zona de confort. Y, sin embargo, sueño, a pesar de todo sueño, inevitablemente sueño, afortunadamente sueño.

Cambia la materia de la que están hechos los sueños, de los estrictamente gozosos de la infancia, hechos de irrealidad, puro deseo y juego sin calibrar, a los de la madurez, marcados por el pasado, ¿qué es el pasado sino la realidad hecha presencia? La presencia de los límites y del dolor, el aprendizaje frustrante de los mismos. Y, sin embargo, sueño, a pesar de todo sueño, inevitablemente sueño, afortunadamente sueño.

Soñar es amar, pasar de esos sueños infantiles a los de la madurez y senectud. Del carácter épico de los primeros a la naturaleza mínima de los otros. Mínima, aún así puede ser preciosa. En los primeros no hay nada que perder y nada que se encuentre en riesgo perder, en los segundos ya se ha perdido. La condición para poder seguir soñando es no quedar anclado en el pasado, no amar lo ya perdido, sino amar lo que todavía tenemos y que podemos correr el riesgo de perder. Amar lo perdido no es sueño sino simple añoranza, pesadumbre, permanente mirada hacia atrás y no hacia delante. Aceptar que la vida ha cambiado y con ella la materia de la que se encuentran hechos nuestros sueños; de la fantasía, que no se puede perder porque no se tiene, a la vida, con lo ya perdido porque se ha tenido.

Y a pesar de todo sueño, todavía, sueños hechos de infancia a través de ellos; ellos son el objeto de esos sueños; construyo posibles realidades que puedo no ver y no por ello será un fracaso. No los elaboro para llegar a verlos, los elaboro para que sean. Son mis sueños pero son sus realidades. No los sueño para, necesariamente, llegar a disfrutarlos, sino para disfrutar la tarea de hacerlos posible. Construyo castillos que solo temo hacerlos en el aire. No temo que no lleguen a cumplirse, temo estar, de hecho, socavando sus cimientos. Pero esos y el resto de mis sueños están cargados de madurez y senectud. La vida me ha llenado de matices y me ha enseñado sus límites, que lo que se alcanza rápidamente puede perderse con igual celeridad; me ha enseñado la fragilidad con la que estamos hechos y no por ello imposibilitados para la felicidad; que el sueño de hacernos cambia de formas pero no tiene fin y que resulta gozoso no en la manera en como lo imagino sino en la forma en como lo voy haciendo y me veo siendo con él. Siendo para terminar no siendo.

Sueños hechos de pasado y de futuro. Es mucho más lo que va quedando atrás, no solo por el transcurrir del tiempo, sino también por el peso de las pérdidas que, inevitablemente, cercenan posibilidades. Construidos sobre el pasado no para enfangar sus trazos sino para aportarles la única sabiduría que puedo poseer, la que la vida me haya ido dando; no para encementar sus pies, sino para proyectarlo hacia el mañana, el mañana del paso a paso, del día a día, el mañana del presente, del hoy que siempre está por venir, hasta que ya no llega porque habremos cedido el testigo.

Sueños hechos de tristeza y alegría, de las lágrimas que nos ha traído el quebranto y de las sonrisas que hemos arrancado de entre sus resquicios, de la merma que nos ha supuesto el deterioro y de la sensibilidad que con él nos ha dulcificado la mirada, de los sollozos que lo acompañan y de la necesidad de reír que surge de él.

Sueños hechos de dolor y de placer, el tormento del resquebrajamiento que has sufrido, de la parte de ti que te ha sido extirpada; sueños que duelen cargados de ausencia, lo que no tendrás, lo que no serás, lo que no estará junto a ti inevitablemente presente, sueños rasantes; y en ese vuelo la posibilidad de ganarse una caricia, una sonrisa, un beso. El lento placer de una conversación que se introduce en los entresijos de tu ser para dejarlos al descubierto; el lento placer de una lágrima, de la cálida emoción que puede llevar; el tórrido deleite de lo prohibido a lo que no renunciarás aún sabiendo que solo será eso, un sueño.

Sueños construidos de la vida misma, de sus heridas y cicatrices, del connatural deseo que nos acompañará siempre, de la ilusión con la que construiremos pequeños refugios donde descansar, y, en algún momento, el anhelo de dormir; sueños hechos de muerte, ¿por qué no?, el sueño de morir, de cerrar los ojos y decir adiós, un adiós tranquilo y, en cierto modo, satisfecho, una despedida feliz.

viernes, 18 de enero de 2013

VÓMITOS


 
Que los aparten de mi vista que voy a vomitar.

Es inaguantable la manera en como los sostenes de la patria se han enriquecido, la manera en como han amasado fortunas en paraísos fiscales.

El cinismo con el que justifican su tren de vida.

La hipocresía con la que se presentan ante los ojos de los demás, critican la  paja en el ojo ajeno y esconden la viga en el propio.

La forma en como hacen leyes para su beneficio utilizando para ello el discurso del bien común.

La chulería con la que se jactan de sí mismos.


Que los aparten de mi vista que me provocan nauseas

La arbitrariedad y el escándalo con la que aplican las medidas de gracia.


La sobreactuación con la que se comportan en público, la simulación, siempre interesada y partidista, con la que actúan.
Los responsables políticos últimos de todo este cambalache que juegan a no saber nada y mirar hacia otro lado.

La estulticia que desprenden y con la que soportamos ese espectáculo.

Que los aparten de mi vista… y que les den… un buen escarmiento.


viernes, 11 de enero de 2013

¿DISCAPACITADO? Claro que sí.

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Vivimos en una sociedad hipócrita empeñada en coger con pinzas todo aquello que puede manchar, que puede doler, que exige cambios e iniciativas. La sociedad de lo políticamente correcto que se ha enseñoreado del lenguaje. No es gratuito este enseñoramiento disfrazado de paternalismo, tras la apariencia del cuidado y del respeto solo pretende mantener la realidad tal cual, eso sí, con un ficticio lavado de conciencia.

Soy un discapacitado, claro que sí. No quiero decir con ello que no tenga capacidades, claro que no. No quiero decir con ello que no sea capaz de desarrollar otras capacidades más allá de las perdidas y que quizás, de otra manera, no hubiera desarrollado igual, claro que no. Pero es obvio lo perdido, es inútil pretender mirar hacia otro lado, cerrar los ojos. Es patente lo que ya no volveré a hacer, evidente el retroceso, lo que la vida me ha privado y tuve, las limitaciones que me va imponiendo. A qué pretendo jugar si lo negara, si participara cual castrati de esta ópera bufa, simulando que no pasa nada, que lo que se pierde por un sitio se recupera por otro. No es así, lo perdido perdido está y se echa de menos, se echa mucho de menos. Cuestión aparte es qué hago yo con mi vida, como manejo el timón, que recursos desarrollo. Pero esto es cosa mía, poco importa más allá de mi ámbito privado, poco valor, más allá de eso, puede tener aunque lo tenga.

Poco me importa el término que me otorguen. Soy un discapacitado, he perdido capacidades, claro que sí. Soy un minusválido, no me puedo valer por mi mismo de igual manera que ayer, claro que sí. Me encuentro hecho un cascajo aunque mi cabeza intente llegar cada vez un poco más lejos; un pequeña (o gran) ruina, aunque la vida dibuje monumentos en el vertedero. No me afectan las palabras, sí me afecta la tibieza, ese andar de puntillas en torno al dolor. Llamemos a las cosas por su nombre. No agreden las palabras, agrede la actitud aunque se envuelva en papel de celofán. El problema no es cómo lo llamamos, el problema es qué hacemos con ello, qué hace la sociedad con ello, qué hacen sus gestores. El encubrimiento lingüístico no es una cuestión de pudor, no es solo un tabú, es un problema político. La diversidad funcional no dice nada salvo una obviedad y esta sí puede llegar a ser insultante pues puede esconder el factor político del asunto: la compensación. La diversidad es una categoría fundamental de toda sociedad pero se encuentra en todos los frentes y en todos ellos ha de tenerse en cuenta si aspiramos a una sociedad justa; el de la movilidad no tiene por qué ser el primero. No se trata solo de diversidad, se trata también de que las situaciones de partida son desiguales y por tanto los alcances también lo serán. Hay realidades con difícil solución pero no es el caso de la mayoría de ellas, falta la disposición para tenerlas en cuenta y compensarlas.

Llámenme tullido, lisiado, impedido, pero preocúpense de aplicar las leyes, de establecer políticas compensatorias, de tener en cuenta las normas de accesibilidad, de facilitar la integración real de niños y de adultos y no teman tanto ofender mi sensibilidad con sus palabras.

jueves, 10 de enero de 2013

SER Y NO SER



Los elogios, cuando llegan a ti se desmoronan, descerrajan la niebla que los cubre y con la que juegas a engañarte y exponen a tus ojos lo que eres.
Aquello a lo que honrosamente renunciaste y que, sin embargo, continúas deseando.
Las puertas que no quisiste traspasar y que envidias lo que ocultan.
Lo que diste y echas de menos.
Lo que eres y no eres a la vez, santo y demonio, virgen y puta.
Lo que no quieres ser aunque lo quieras, lo que quieres ser aunque no lo quieras. La contradicción en la que se ha movido tu barca siempre a punto de zozobrar.
De lo que estás orgulloso aunque hubieras preferido pasar de ese cáliz.
Lo que te dices, lo que sientes y que se encuentra ahí, centinela del dolor y de la duda, de la pregunta impenitente.
La blanca túnica de la que solo tú ves las manchas.
El dolor del que no puedes pasar pero del que deseas alejarte.
Los pecados que cometiste y con los que sigues soñando.
El hombre que soy y el que no soy. El que soy desde el no ser y el que no soy a base de arrancarme las costras de mi ser.
Soy el que he querido ser dejando que mi no ser le arrastre la corriente, pero las aguas de este río no cesan de bañarme.