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lunes, 10 de septiembre de 2018

INTERROGANTES



 
¿Seré capaz de enfrentarme al límite del abismo sin perder la sonrisa?
¿Aguantará mi cuerpo irse desmembrando mientras contempla como se van hundiendo los otros?
¿Se agotarán las preguntas cuando yo deje de buscar respuestas?
¿Se secarán mis ojos cuando mi llanto nunca cese?
¿Se acabarán las palabras cuando solo supongan ruido?
¿En qué recóndito lugar se esconderá la última caricia y quien la firmará?
¿Qué hará la primera persona del singular cuando la tercera vaya de rincón en rincón gritando en silencio socorro?
¿Continuará consumiéndose la vela después de que la llama se haya apagado?
¿Cuanto durará un minuto después de que las agujas del reloj hayan cesado en su función?
¿Tendrá que durar mucho más la eternidad?
¿Qué nombre recibirá la vida cuando en ella solo quede respiración?
¿Tendré que contemplar hasta el final la decadencia física del hombre del espejo?
¿Cuándo yo sea nadie podré seguir siendo vosotros?

martes, 4 de septiembre de 2018

Puritanismo feminista?



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El reconocimiento de la constitución de OTRAS como sindicato para defender los derechos de las prostitutas parecía lo único sensato que en mucho tiempo se había hecho sobre este asunto, lamentablemente la ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, se apresuró a desbaratar esta ilusión sacando a relucir ideas del más rancio feminismo. Rechazar la prostitución como una actividad que rebaja a la mujer (o al hombre, si se da el caso) no deja de encerrar un puritanismo moral que confina la sexualidad al ámbito de la intimidad de la pareja. El sexo parece encerrar algo sucio por lo que introducirlo en el mercado y vivir de ello es algo que debe avergonzar a la persona que lo practica. El feminismo que reivindica la posesión y el dominio sobre su cuerpo en el caso del aborto contradictoriamente niega el derecho a utilizar el propio cuerpo como herramienta de trabajo. La fuerza de trabajo, desde sus inicios ha estado basada en el cuerpo y la evolución de la historia ha consistido en ir regulando la utilización de esa fuerza. No hay nada sucio en la sexualidad, ni, por supuesto, en el acto sexual. La suciedad no se encuentra en la actividad sino en las condiciones en las que se realiza. La solución no se encuentra ni en su prohibición ni en ignorar la actividad como si no existiera. Esa es la situación actual: la explotación, la falta de controles sanitarios y de los mínimos derechos laborales, es ahí donde se encuentra la suciedad. No es la persona que vive de ello la que peca, sino la administración que se desentiende, y, por supuesto, todos aquellos que de una u otra manera se aprovechan del negocio y maltratan a las víctimas.
Ese puritanismo feminista también puede deberse a una cierta idealización de esta actividad. Es algo tan angelical (aunque no se crea en los ángeles) que no se debe manchar con cuestiones monetarias. Uno no debe pagar o cobrar por la realización del acto. Ese mundo idílico no existe, hay personas  que optan voluntariamente por vivir de la prostitución, pero la mayoría lo hacen, seguramente, porque es su única opción, del  mismo modo que no todos los clientes son feroces machos alfa también muchos de ellos acuden a ese servicio porque no pueden hacerlo de otra manera. Se puede prohibir pero nunca será posible que desaparezca, existió, existe y existirá. Prohibirla es como aseverar que es necesario arrancar al hombre su parte más animal, la pregunta no solo es si es posible, también es si es deseable. La sexualidad no es solo algo destinado a la procreación, es también nuestro acto de comunicación más que necesario, es también nuestra necesidad más física, que comienza por el simple contacto de dos cuerpos.
Ese puritanismo se ve reforzado por el carácter peyorativo de los términos que se utilizan para designar esa actividad y a las personas que la ejercen, incluso los términos masculinos, más escasos y menos duros son igualmente peyorativos. Difícilmente esto permite una valoración distinta, más positiva. Es raro pronunciar la palabra puta sin que se junten en nuestra cabeza la actividad y las condiciones en las que se realiza por lo que es fácil rechazar ambas como si fueran completamente inseparables. Es necesario diferenciar víctima y verdugo,  proteger a la primera y perseguir y condenar a exploradores, esclavizadores y depredadores sexuales. Para esto es importante la cuestión de léxico, es por esto que el sindicato acertadamente escoge “trabajadoras sexuales”.
Mantengamos un discurso falsamente avanzado, progresista, que nos hará dormir satisfechos por los aplausos del rebaño y abandonemos a su suerte a aquellas personas que tienen que buscarse la vida en las carreteras, esclavizadas durante años en cutres club de alterne o envejeciendo en la puerta de un piso de mala muerte, o, de otra manera, establezcamos toda la legislación y los recursos necesarios para defender un trabajo que puede ser tan honroso o tan poco honroso  como cualquier otro.

miércoles, 29 de agosto de 2018

CUENTOS CORTOS PARA MENTES LARGAS


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Aquella noche soñó que cabalgaba sobre un punto y seguido, sorteaba pronombres, adverbios y preposiciones, saltaba adjetivos, verbos y nombres. Lo que más le cansaba era enfrentarse a los interrogantes. A la mañana, cuando despertó y echó la vista atrás se dio cuenta de que había dejado la habitación plagada de puntos suspensivos. 

*

Por la noche le gustaba abrir las puertas de su armario y colocar los espejos de las hojas interiores uno frente a otros. Modificaba el ángulo en que estaban situados para que ante sus ojos se revelasen una sucesión de magníficas galerías luminosas que se extendían una tras otra hasta el infinito. Innumerables estancias, cercanas y cotidianas las primeras, al alcance de la mano tras el cristal, que luego y a pesar de ser idénticas, se van imperceptiblemente transformando con la distancia. Allí, tras su rostro, encontraba de nuevo su imagen, aunque esta vez parecía no advertir su presencia y ni siquiera le miraba.
Le era irresistible asomarse al interior del espejo, casi acechando a ese otro yo tan ajeno él que se iba perdiendo en la lejanía. Sentir en su espalda el escalofrío de la mirada de su otro yo con el que nunca podía mirarse cara a cara, pues siempre giraba su cabeza al darse la vuelta. Así pasaba los minutos en ese juego mágico intentando atrapar la mirada de alguno de sus innumerables yo hasta que oía acercarse los pasos de su madre para comprobar que ya estaba acostado, entonces cerraba a la carrera las puertas del armario y sus reflejos iban desapareciendo uno tras otro, desde el más lejano hasta el más cercano, sin despedirse ninguno quedando encerrados en la oscuridad del armario hasta que al cerrarlo con llave él mismo se desvanecía dejando en su lugar el simple hueco de un recuerdo. 

 *

Cuando paseaba a lo largo del parque y se sentía cansado se tumbaba a lo largo de un banco y echaba una cabezada, entonces soñaba que una joven se le acercaba y le acariciaba el rostro mientras dormía soñando que le besaba en los labios mientras soñaba que le cogía una de sus manos. Ese movimiento hacía despertar al chico que soñaba que le cogían la mano mientras soñaba que le besaban en los labios al soñar que le acariciaban la cara. Al despertar e incorporarse veía que en el banco de enfrente esa misma joven le acariciaba la cara, le besaba en los labios y le cogía suavemente las manos.

El dragón de tres cabezas, dos colas y ocho grandes patas se le acercaba amenazante y él solo se encontraba armado de un simple y minúsculo puñal. Conforme se aproximaba emitía grandes rugidos y expulsaba largas bocanadas de fuego. El muchacho se mantenía erguido ante él sujetando el puñal con una mano temblorosa. Cuando estaban a punto de entrar en contacto afortunadamente despertaba de la pesadilla, tenía miedo de aquel chaval que podía haber percibido el pánico que lo atenazaba y de ese puñal que seguramente hubiera rasgado su cuerpo de trapo. 



Cuando se despertaba se asomaba a la ventana y veía pasar las nubes bajo el cielo azul, imaginaba que tumbado sobre ellas sobrevolaba ciudades fantasmagóricas en las que las torres taladraban el firmamento en un juego infinito de espirales, las escaleras las rodeaban en un loco efecto óptico de subidas y bajadas, los jardines flotaban entre ellas y desde ellos la hiedra se enredaba allá donde llegaba, las calles formaban un laberinto en el que las personas nunca sabían con certeza si iban o venían. Luego, se colgaba la mochila a la espalda y salía para la escuela con sus zapatillas gastadas pisando los charcos de la calle creyéndose el rey del mundo. 



El enorme maestro le gritaba agigantándose hasta el techo, él apenas le llegaba a las rodillas; conforme los gritos iban creciendo la boca se expandía las palabras se convertían en un ruido indistinguible que se le enredaba dejándolo inmovilizado. Cada vez se sentía más minúsculo en la medida en que su maestro se encontraba a punto de reventar las paredes del aula. Era el mismo maestro al que en el atardecer encontraba sentado en el bordillo de la puerta de su casa y que le sonreía levemente con una mirada triste y húmeda y que apenas le llegaba a la altura de sus tobillos. 



Aquel libro le dejó completamente impresionado, durante el tiempo de su lectura había podido recorrer todos los estados emocionales, era incapaz de quitárselo de la cabeza, una y otra vez su pensamiento volvía a las palabras que en él había leído, pero era tanta la huella que en él había dejado que al abrirlo de nuevo ya no veía signos de escritura sino su propio rostro con la imagen que en cada página había tenido, así veía la faz del asombro y al pasar la hoja la del miedo, y después la de la risa para luego pasar a las del llanto, la del enojo, la ternura, el miedo, la sorpresa, el asco, la euforia, la pena y el bienestar. Cuando cerraba sus páginas una coctelera se agitaba en su interior que inevitablemente le llevaba a volver a abrirlo. 

*
La luz de la mañana atravesaba las rendijas de la persiana para iluminar su cara mientras dormía, era tanta la belleza que esa imagen desprendía que el Sol se detuvo de pronto para no iluminar nada más, para que todo, menos su rostro, permaneciese en la oscuridad y no pudiera rivalizar con él. 

*

El padre estaba decidido a que aquel hijo que esperaban se viese rodeado de lo mejor y que cualquiera que se cruzara en su vida supiera desde el primer momento que se encontraba ante el más grande. Para ello hizo que sus sirvientes recorrieran los caminos del mundo en busca de todo aquello. No contento con eso decidió que aquella realidad solo se podía culminar poniéndole el nombre más excelso y colosal. Su hijo murió aplastado por sus letras. 



Atrapado en la lectura como estaba era incapaz de escuchar la voz de su madre como le llamaba, cada vez la oía más lejana y entrecortada, poco a poco se sumergía en las páginas del libro. Atrapado en la lectura estaba incapaz de escuchar la voz su madre como le llamaba, cada vez más lejana y entrecortada, poco a poco se sumergía en las páginas. Atrapado estaba incapaz de escuchar la voz como le llamaba, lejana y entrecortada, poco a poco se sumergía. Atrapado estaba incapaz de escuchar la voz como le llamaba, lejana y entrecortada, se sumergía. Atrapado estaba incapaz de escuchar, se sumergía. Atrapado, se sumergía. Atrapado.

lunes, 20 de agosto de 2018

MI CASA ESTÁ ABIERTA



Ilustraciones realizadas y propiedad de Irene Gutiérrez Lenguas

Mi casa es un planeta que gira y gira sin parar. En él caben todos los colores: blanco, negro, rojo y amarillo, y todos los idiomas. A menudo no entiendo nada pero me gusta ver tanta variedad.

Mi casa es un musical en el que suenan muchos instrumentos: guitarras, pianos, saxos y violonchelos. Timbales y tambores. Los amigos de mis padres los tocan y cantan canciones. Casi siempre terminamos cantando todos, aunque unos mejor que otros.


Mi casa es un restaurante de alto copete. Mi padre usa el delantal y mi madre la chaqueta del maître. Podemos comer tacos y fajitas, todos los tipos de arroz, alubias y frijoles, las comidas de mis padres y las de sus amigos. Siempre hay un asiento en la mesa para el que llega. Yo como de todo, o casi todo.


Mi casa parece un parlamento, se habla y se habla sin parar. Hay opiniones para todos los gustos, los que creen y los que no, los que saben y los que no, los de n lado y los de otro. A veces parece que regañan pero siempre terminan en abrazos. Yo a menudo me aburro y me duermo y mis padres me llevan en brazos a la cama.

Mi casa es como  una gran familia. Siempre hay besos a la entrada y besos a la salida, y besos entremedias. Cuando hay que reír se viene a reír, cuando hay que llorar se viene a llorar, a veces toca alegrías y a veces tristezas, pero siempre hay una mano tendida, unas veces la nuestra y otras la de ellos.

Mi casa a veces parece una pensión, siempre hay un plato en la mesa y una cama por deshacer, a veces los conozco y otras veces no. Ya no sé quien tiene llaves de la puerta. Lo peor es que algunos roncan mucho.

En mi casa nunca me siento solo ni desanimado. Aunque parezca una locura, como dicen mis padres, es una feliz locura.