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martes, 20 de junio de 2023

AFORISMOS 7

 


 

1.       Con frecuencia lo que vino vino y  lo que vendrá vendrá.

 

2.       Lo que viene a predominar es la pereza mental que nos determina de parte de quien debemos estar y a quien tenemos que descuartizar sin piedad alguna, todo con el pensamiento ya mascado y dado forma, no tenemos que hacer esfuerzo mental alguno, sólo repetir las palabras que nos marquen y de las que no nos debemos salir.

 

3.       Todo a nuestro alrededor, ya sea ocio o negocio, deporte o política, nos incita a un mismo comportamiento, el hooliganismo.

 

4.       El diálogo no existe, el intercambio de opiniones, la escucha sosegada, la reflexión tranquila, todo es una batalla en la que sólo interesa derrotar al contrario, si es posible, descuartizándolo.

 

5.       Hablar no debería tener otro objetivo que el de comunicarse, no el de escucharse a sí mismo ni abrumar a los demás.

 

6.       En la comunicación no basta con un emisor, no basta con un mensaje, es necesario un receptor, para lo que decimos no basta con tenerse en cuenta a sí mismo, es también necesario tener en cuenta a quien nos dirigimos.

 

7.        El enemigo de mi amigo no tiene por qué ser mi enemigo.

 

8.       Hay que aprovechar cada minuto para ir cambiando, lentamente, sin grandes esfuerzos, con pequeños pasos.

 

9.       Un cambio personal lo suficiente para que cuando volvamos la vista atrás percibamos ese cambio, lo suficiente para que notemos el agradecimiento de los otros, lo suficiente para que, sin hipocresía y engaño, notemos nuestro cambio. Un cambio a mejor, más valientes, más fuertes, sensibles, tiernos y bondadosos. Un cambio que realmente merezcamos, que nos lo estemos ganando.

 

10.   Un cambio que siempre nos decepcionará por escaso, por sus contradicciones y costes, por las víctimas que a veces acarrea; y porque cambia tan poco y lo hace donde menos necesario es; y es tan frágil, es todo un avanzar y retroceder.

 

11.   Aquel cambio que esperamos, con seguridad no lo veremos, pero qué importa eso para buscar los avances y que no nos asusten los truenos de los retrocesos.

 

12.   Son tantas las personas que siglos adelante, sin conocer nuestros nombres, mirarán hacia atrás y quedarán agradecidos por lo que merece la pena intentarlo.

 

13.   De nosotros depende el cambio de la humanidad, pero es tan minúsculo nuestro tiempo en comparación con el de la humanidad. Somos tan pequeños y a la vez tan necesarios.

 

14.   El transcurrir de la vida hace que, inevitablemente, conforme uno se acerca a su final, ésta sea cada día mucho pasado y escaso futuro.

 

15.   La vida, al avanzar, entonces son recuerdos, momentos y nombres de un ayer que cada día se va haciendo más presente especialmente cuando tu vida es quietud, entonces, incluso tú, eres ya recuerdo.

 

16.   No es necesario escarbar mucho en el ayer a la búsqueda para rememorar las huellas que han quedado en ti porque son estas las que parecen ir en tu busca. Huellas unas dolorosas y otras gratas:

 

17.   A veces el dolor es la puerta que te da paso a la felicidad, al menos siempre te queda la duda si la puerta que hubieras elegido gustosamente te hubiera dado paso a la felicidad.

 

18.   La vida es una mezcla de azares en un mapa de miles de caminos que se bifurcan:

 

19.   En la vida hay millones de posibilidades, circunstancias en las que nos movemos y que nos forman. No tengo otra cosa que hacer que revisar esas circunstancias y las personas que me acompañaron, personas de las que en muchos casos solo quedan sus nombres y la imagen, imagen que en ocasiones sólo te queda en el corazón, en una huella emocional de una persona con la te resulta imposible volverte a encontrar.

 

20.   Es necesario vivir en la contradicción de la prohibición de no ser libres.

 

21.   Prohibido llenarse de certezas y no dejar espacio para la duda y la interrogación. La certeza se convierte en dogma y el dogma en grilletes.

 

22.   Prohibido ansiar un espacio en el rebaño y dedicar la vida a no quedarse nunca atrás. Terminaremos creyendo que el único olor en la vida es el de el estiércol.

 

23.   Prohibido elegir el pensamiento de moda y evitar el esfuerzo de tener uno propio aunque diferente al de los demás. Copiar el pensamiento de los otros termina por hacernos olvidar la manera de generarlo.

 

24.   Prohibido evitar los espejos por miedo a ver reflejadas nuestras deformidades. 

 

25.   Prohibido tener miedo al miedo o de tanto temor terminaremos asustándonos del aire que nos rodea.

 

26.   Prohibida la angustia de sentirse solo. La soledad puede ser la ocasión para encontrarnos a nosotros mismos.

 

27.   Prohibido añorar los laureles y rechazar los dolores. Los primeros, si son artificiosos, nos reducen, los segundos nos pueden hacer crecer.

 

28.   Prohibido silenciar la expresión, sea verbal o física, sea emocional o racional. Solo de esa manera llegará uno a ser ex preso.

 

29.   Prohibido el recelo a ser señalado y el deseo de permanecer oculto en la masa. Olvidaremos aquello que nos distingue.

 

30.   Prohibido hipotecar tu vida tanto que todo tu mañana sea siempre un pasado.

 

31.   Prohibido decir sí a todo. De tanto bajar la cabeza la cerviz quedará agachada.

 

32.   Prohibido el deseo de desear y la obsesión de acaparar. Olvidaremos todos los nombres, sólo recordaremos el nuestro.

 

33.   Prohibida la prohibición de ser libre, que tu única atadura sea el amor.


Tener pensamiento propio no nos vuelve locos sino libres.

 

 

martes, 30 de mayo de 2023

LA VIDA SIGUE


Es curioso, ha amanecido. Después de la tormenta de la noche el suelo ha amanecido seco. Las golondrinas vuelan a sus nidos, los árboles continúan con sus hojas verdes. Nada impedirá que vuelvan a caer como que en el mañana reverdezcan. El día sigue teniendo veinticuatro horas y el año trescientos sesenta y cinco días. Nosotros seguimos vivos y un día cercano moriremos. Así ha de ser para que otros nos tomen el relevo y ojalá más fuertes, más inteligentes, más buenos.

Habremos perdido y en realidad qué importa eso. ¿Nos impide ese suceso cambiar el mundo? ¿Nos impide cambiar nuestro mundo, esa pequeña aglomeración de personas y circunstancias y sucesión de azares? ¿Nos impide ir cambiándonos a nosotros? Aprovechar cada minuto para ir cambiando, lentamente, sin grandes esfuerzos, con pequeños pasos. Lo suficiente para que cuando volvamos la vista atrás percibamos ese cambio, lo suficiente para que notemos el agradecimiento de los otros, lo suficiente para que, sin hipocresía y engaño, notemos nuestro cambio. Un cambio a mejor, más valientes, más fuertes, sensibles, tiernos y bondadosos. Un cambio que realmente merezcamos, que nos lo estemos ganando.

Un cambio que siempre nos decepcionará por escaso, por sus contradicciones y costes, por las víctimas que a veces acarrea; y porque cambia tan poco y lo hace donde menos necesario es; y es tan frágil, es todo un avanzar y retroceder. Aquel cambio que esperamos, con seguridad no lo veremos, pero qué importa eso para buscar los avances y que no nos asusten los truenos.


La vida sigue. En mi habitación suena Albéniz. La música aporta felicidad, aunque parezca una triste felicidad. Hay tanto que cambiar, son tantas las herramientas y formas a nuestro alcance, hay tanto que aprender, que no se debe esperar. Son tantas las personas que siglos adelante, sin conocer nuestros nombres, mirarán hacia atrás y quedarán agradecidos por lo que merece la pena intentarlo. De nosotros depende y es tan minúsculo nuestro tiempo en comparación con el de la humanidad. Somos tan pequeños y a la vez tan necesarios.

 

sábado, 29 de abril de 2023

Nombres de una vida

 



El transcurrir de la vida hace que, inevitablemente, conforme uno se acerca a su final esta sea cada día mucho pasado y escaso futuro. La vida entonces son recuerdos, momentos y nombres de un ayer que cada día se va haciendo más presente especialmente cuando tu vida es quietud, entonces, incluso tú; eres ya recuerdo.

No es necesario escarbar mucho en el ayer a la búsqueda para rememorar las huellas que han quedado en ti porque son estas las que parecen ir en tu busca. Huellas unas dolorosas y otras gratas. A veces el dolor es la puerta que te da paso a la felicidad, al menos siempre te queda la duda si la puerta que hubieras elegido gustosamente te hubiera dado paso a la felicidad. La vida es una mezcla de azares en un mapa de miles de caminos que se bifurcan. En la vida hay millones de posibilidades, circunstancias en las que nos movemos y que nos forman. Como decía Ortega “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo”. No tengo otra cosa que hacer que revisar esas circunstancias y no las personas que me acompañaron, personas de las que en muchos casos solo quedan sus nombres y la imagen, imagen que en ocasiones sólo te queda en el corazón, en una huella emocional de una persona con la te resulta imposible volverte a encontrar. Huellas, rostros, nombres.

Amigos y amigas de mi adolescencia, el inicio de mi socialización y de mis aciertos y errores, la mayoría de ellos provocados por la timidez que enmudecía mis sentimientos más personales y frenaba también los pasos más corporales. Fue el tiempo de mi primer amor y de los sentimientos intensos que se viven en aquellos años y te acompañan allá donde vayas. Un tipo de sentimientos que hoy añoras, intensos, una intensidad que fácilmente pasaba de la amargura al gozo, una montaña rusa en la que difícilmente uno hubiera podido soportar toda una vida.

Tus amigos y amigas que han estado contigo desde los primeros años de juventud y de los que algunos, lamentablemente, ya han fallecido. Amigos y amigas con los que he crecido y me he formado, que me han acompañado en momentos críticos y me han ayudado a irlos superando. Yo no sería el que soy sin ellos.


 

Amigas que están aquí a partir de esta última fase de mi vida, fase en la que la amistad se ha ido fraguando, en buena medida, con las nuevas tecnologías. Son distintas maneras de establecer relación en la que la distancia es prácticamente inevitable, pero que, de alguna manera, satisface las necesidades de un Segismundo encerrado en su casa. Y una amistad de los años de la adolescencia que he podido recuperar de verdad en estos años críticos, una amistad en la que la cercanía se percibe aún en la distancia, en la que se percibe de una manera clara el cariño, una amistad con banda sonora de jazz, árbol en el que se ramifican otros nombres.

Alumnos y alumnas de colegios por los que he ido pasando y de los que he recibido más de lo que yo di y que en algún caso puede que haya dañado, aunque haya sido sin querer: Daimiel, Carrión de Calatrava, Dosbarrios, Torralba de Calatrava. Alumnado que incluso muchos años después me ha regalado felicidad. Amistad que no sólo se ha quedado en parte de ese alumnado, sino que también ha ido más allá, hacia alguna madre y algún compañero y compañera que han dejado huella profunda:



Dos mujeres con las que conviví sólo unos días pero que sus nombres quedaron grabados en mí para el resto de mi vida. Fueron días de expresión corporal. El cuerpo es capaz de expresar lo que a menudo no eres capaz de hacerlo con palabras. Tiempos en los que todavía era capaz de trabajar y disfrutar con la expresión corporal, momentos en los que el cuerpo se libera y eres feliz. Uno de esos recuerdos supo a poco, fuera de ese espacio y tiempo el cuerpo vuelve a quedar adormecido, yerto.

Y los cuidadores de esta última fase de mi vida, cuidadores con los que entró la vida, que fueron desmintiendo prejuicios, gais, de familia problemática, africanos de raza negra, musulmanes, sudamericanos, de profesiones dispares, a los que, afortunadamente, nunca pusimos negativa. Trabajadores que hoy son amigos y que trajeron alegría y cariño en unos años de teórica tristeza.

Y, por supuesto, mi familia. Es una evidencia que yo sería otro sin ella. El que soy se fue formando desde el vientre de mi madre. Me hubiera gustado ser otro, diferente en muchos aspectos de mi vida, como distintas fueron algunas de las circunstancias en las que fui creciendo. Pero supongo que esto es deseo de todo el mundo. Mi familia. En especial, cómo no, mi mujer y mis hijos, mi raíz, tallo y hojas, aquellos que me han hecho ser, por los que todavía estoy, a los que es difícil querer más, aunque seguramente, mejor.                               
Nombres de mi memoria afectiva, que me han acompañado siempre, que han ido construyendo mi arquitectura emocional. La argamasa que me ha ido dando forma, a veces con golpes muy duros pero que hicieron posible la profundidad a la que he podido llegar, si es así, y la sensibilidad, si la tengo. No puede uno ni debe renegar de ninguno de ellos, en este punto de la vida al que uno llega, si es necesario, debe perdonar o ser perdonado. A cada una de estas debo el ser quien soy. Todo lo que soy, lo bueno y lo malo, aquello que he sido y que hoy soy, es fundamentalmente producto mío, también de mis circunstancias pero sobre todo mío.